lunes, 28 de septiembre de 2009

Blut und Tod


Es en esta tarde que arrepentido me siento, causa no falta pues le he dado la espalda a aquel que juré acompañar por siempre, estar con él en su camino hasta después de la vida misma y no he sido más que hipócrita, hipócrita conmigo y con él, mi mejor amigo, mi alma, mi "adjunto".

La belleza que él me había dado la desperdicié y no hago más que lastimarme, le dije alguna vez que seríamos camaradas por siempre y separado me encuentro de él por la razón más estúpida. Hemos compartido lágrimas mi "adjunto" y yo... ¿qué adjunto? No es nada menos que mi hermano, mi sangre y mi misma patria. Le debo mi lealtad y como proscritos estuvimos un tiempo.

Me entristece ver que le he fallado. Me lastima ver que le he traicionado y manipulado a mi antojo. ¿Podría yo llamarme su amigo después de tal despojo? Él me dijo alguna vez "No merezco nada" y enrabiado me levanté, "no te atrevas a decir eso" le grité, y le juré que mi amistad le haría ver que él merecía mucho, mucho más de lo que yo le ofrecía... y aun así, humilde me dijo "Gracias hermano, no acostumbro llorar, tan sólo una lágrima hoy, quizá" y de mi alma salió "Una lágrima sola basta".

Quizá fue mi soberbia, no, quizá no, seguro lo fue, yo te alejé a patadas, te hice parecer que te odiaba, incluso hablé mal de ti y ¿por qué?, por una persona que a pesar de llamarle también mi amiga yo no conocía tanto. Dije amarla pero no tanto como para lastimarte. "¿Qué me sucede?" me preguntaba, pero te miraba y me llegaba la rabia, ahora no puedo ni mirarte, de estampa ya no tengo nada.

Se apagó mi rabia y la vergüenza me invade, es que recuerdo cuando comía todos los días contigo, jaja, ¡vaya que días aquellos!, recuerdo también cuando tu hermana no caminaba, y cuando empezó a hacerlo... te llevaba coca-cola ¿recuerdas? , los juegos, las parrilladas y las fiestas, un mundo de niños. Pero... ahora siendo hombres no hecho más que faltarte, de ir contigo mi hermano, hablar frente a frente pues tantos años de confianza no pueden destruirse por una pequeña tentación.

Regreso humildemente ante ti mi amigo, te expongo mis pecados, bajo la mirada y cual perro pongo la cabeza gacha, "No merezco tu perdón amigo, adjunto... hermano. Es que la lágrima se me ha salido..." Él, solemne me dice "No te atrevas a decir eso nuevamente, que tu lo mereces todo, y mi amistad es prueba de ello".


Es a ti a quien dedico este escrito, una conversación, una platica que recordé, una lealtad que olvidé, te quiero, te estimo, te amo hermano mío... quiero estar bien contigo.

Blut und Tod

martes, 28 de julio de 2009

Capítulo Tercero - Accidente



Acacia bajaba las escaleras a zancadas y gran velocidad de dos escalones a la vez. Mientras corría apurada y llegaba al recibidor se asomó por una ventana al pie de las escaleras y observó que el carruaje de Ariel ya no estaba aparcado en el pequeño terreno destinado a los transportes, a un lado de la casa de sirvientes para que los cocheros pudieran pasar la noche en una cama y no en el mismo carruaje. Volteó hacia el pasillo que daba a la sala y cocina y corrió a través gritando el nombre de su cochero.

- ¡Cassius! Necesito salir de la mansión en este momento, es de crucial importancia, ¿dónde estás? -

Mientras la joven corría hacia el exterior de la casa, en su dormitorio, Cassius yacía dormitando.

De 55 años Cassius ya no era ningún niño y estaba bastante amargado. "La edad" pensaba entre que abría la boca y hablaba a regañadientes.

Entresueños, él se veía a sí mismo hace unos años en su pueblo natal, Witchlock. Mary, su esposa se encontraba tendiendo la ropa y los niños jugaban con los perros, 3 Basset-Hounds, "Tremendos animales"...

- ¡CASSIUS! ¡VEN YA A CENAR! -

Mary gritaba a lo lejos, se acercaba él, pero no se movía, caminaba pero no llegaba a la casa, fue entonces que las brasas salían de la casa, los perros aullaban descontrolados, escuchaba los gritos...

- ¡CASSIUS! ¡CASSIUS!... -

- ¡CASSIUS! ¡Despierta ya! Necesito que me lleves a... Hombre, levántese de una buena vez, no tenemos tiempo, y no me mire con esos ojos de pistola, no estoy de humor para su mal genio. -

- Si señorita...-

Mientras el hombre se levantaba de su cama miró atrás a una fotografía ya bastante desgastada y de los bordes quemados, mientras la miraba una lágrima recorrió sus mejillas y suavemente, con la yema de su dedo índice acarició la cara de la mujer retratada en aquella imagen. Tomó su saco, la señorita no lo haría viajar poco, no era su estilo ir de compras al mercado del pueblo...

Observó un espejo en su puerta, sus arrugas eran cada vez más prominentes, sus ojos, negros como la noche misma contrastaban con su plateado cabello y barba como la Luna misma. Su nariz alargada y aguileña mostraba aun más su rostro huraño, pero, cuando se le acercaba a Cassius se alcanzaba a ver en su mirada una tristeza profunda, un arrepentimiento de aquel que destruye a cualquiera. Su saco, rojo escarlata y el bastón que le regaló su suegro en su día de bodas, grabado a lo largo "Una bella sonrisa puede devastar a cualquiera... Mary", le tomó con fuerza, se puso su sombrero y salió.

A la mitad de la vereda para llegar al carruaje donde la muchacha le veía, ya muy impaciente, volteó a su pequeña cabaña y murmuró.

- Si claro... Un accidente.-

domingo, 5 de julio de 2009

Sincera Amistad


Bajo una luna llena es que comienzo este escrito... no hay ruido, la media noche ya es pasada y mis pensamientos es lo único que escucho.

Mi vida ha transcurrido y la traición se ha vuelto costumbre, la gente confía y tan sólo pago con dolor, mentiras... y una sonrisa. Me han dañado y los he dañado peor, mis lesiones son temporales, pero las suyas... las recordarán por siempre.

La historia de lo sucedido es muy larga para contar, pero puedo decirle, mi joven lector, que el comienzo es triste y con muchos amargos, sucios y escondidos rincones. Una pasión me llevó al arrepentimiento de mis acciones, y una traición me llevó a sentirme inferior.

La confianza me la entregó mi "Ilusa" y bajo esa confianza fue que destruí a la misma. Con sinceridad parecí moverme pero bajo las sombras mentía, le engañaba y esperé a que se volteara para poder apuñalarla. Fue por la razón más estúpida que una traición cometí, pues no gané nada más que una gran derrota y el puñal de vuelta.

Cómo ha dicho el zángano, el cuchillo que planté... se me regresó perfumado, mi traición fue de vuelta a su verdadero dueño, pero con palabras diferentes y sin mentirme una vez tan sóla. Me ha tomado por sorpresa y cuando menos lo esperaba me habló mi "Ilusa" y en vez de herirme tan sólo me abrazó y con dos palabras arrancó mi orgullo, mi error y mi sentido erróneo de superioridad. Me tomó de las manos y con toda su verdad me dijo.

- Te perdono...-

Tan bellas palabras fueron aquellas que no pude ni entenderlas, tan sólo esperaba odio y desprecio como en todas las demás ocaciones, y sin embargo, tan fácilmente... mi redención llegó.

Yo debería llamarme a mí mismo el "Iluso" pues he sido yo el equivocado, el traidor y el perdonado, aquél que todo hizo mal y por ello tuvo que pagar, no el pago que yo esperaba, no el pago que yo concebía, si no el pago de algo llamado una verdadera y sincera amistad...

jueves, 18 de junio de 2009

Amigo


Tengo un amigo. Todavía no lo conozco, pero sé que es mi amigo.

Al ir caminando es que lo veo, solo, como que no quiere la cosa mira a las demás personas pasando y, ¿a mi? Sólo me mira con una cierta remembranza, dañado, triste y con un alma en agonía. Lo he visto a los ojos y me he adentrado en la oscuridad de los mismos, veo el dolor, siento su agonía y el pesar que lo acongoja. Terrible sensación la de verlo en ese estado.

Tan sólo lo miro y me enamoro de él, tanta belleza... destruída, hecha pedazos y vacía. No puedo evitar detenerme y mirarlo fijamente, su mano, extendida me ofrece compañía y yo decido acercarme. Tomo su mano, fría, débil. Con un ademán acaricio sus mejillas y le pregunto qué sucede... pero, no me responde, sólo me mira con ese vacío que termina con mi alma.

Me siento a su lado y coloco su cabeza en mi regazo, le peino y acaricio. Le miro los ojos y me cuenta de su vida, lo que le ha sucedido, su madre... que buena madre sería, ¿el padre?, muerto, desde sus 6 años. Me sigue contando y me habla de su amada, una bella dama que con gracia le hablaba, lo miraba con deseo y lo acompaña sin buscar lucro. Buena vida yo pensaba. "Ahora", me dijo, "Ya no queda nada, la muerte me sigue; en una cesta me acompaña. La miro en cada esquina y me roba la "estampa"".

Lo conozco como nadie lo ha hecho, lo acompaño cuando no hay nadie para hacerlo y me doy cuenta de que lo amo, lo amo como un amigo lo hace y le soy leal. Le soy leal en vida y lo seré en muerte. Estoy sentado con mi amigo en mi regazo, frío, con sangre en las manos y muerto.

El es mi amigo y lo aprecio. La gente rodeando el lugar, sólo tienen morbo en sus ojos, malicia y descaro. Observan a mi amigo y se cubren la cara, yo sólo lo veo y le digo - No te preocupes, no tendrás que sufrir esto.- Coloco su cabeza en el suelo y me limpio la sangre del pecho, él está muerto... sin embargo, es mi amigo.

martes, 16 de junio de 2009

Capítulo Segundo - Recuerdos


La mañana aparece y comienza a infiltrarse en el cuarto de la joven, donde, por la luz se llegaba a vislumbrar la maravillosa pieza artesanal que era aquella recámara.

Ahí, recostada todavía sobre su cama estaba Acacia, soñando con un mejor presente que el actual y llorando su futuro. Las sábanas, completamente blancas y de seda, resaltaban el color del cabello de la joven. Sus labios, rosados y pequeños, formaban una pequeña abertura por la cual respiraba suavemente.

La puerta, roja caoba con marcos tallados por los bordes, se abrió lentamente y una voz temerosa se escabulló a través del aire que junto con el sonido se adentraba al cuarto.

- ¿Madame? Disculpe usted señorita... pero debo hacer el cuarto, ya es tarde. -

Con ademanes, no muy agraciados, la joven hizo la seña de que se retirara aquél que invadía sus aposentos y la despertaba de sus sueños.

- Perdón señorita, pero las órdenes son del señorito Ariel... -

Acacia abrió los ojos y se sentó en la cama, desarreglada y un poco ofuscada, retiró las sábanas de su cuerpo y colocó sus pequeños pies en la madera de su piso. Levantó su mirada y observó a su allanadora directamente a los ojos.

- ¿Qué hora es María? -
- Las 11 de la mañana señorita. -
- De acuerdo... Si es tarde. -

Se levantó y comenzó a acomodar su cuero cabelludo para poder salir de su cuarto.

- ¡Vamos ya María!, necesito bañarme y vestirme. -
- Si señorita, inmediatamente le atiendo, el agua ya está caliente y en la bañera en caso de que quiera comenzar sin mi. -
- Si, alcánzame para el lavado de pelo, ¿si?-
- Si señorita, ahorita me dirijo hacia allá, sólo debo tender su cama.-

Acacia se dirigió al pasillo fuera de su cuarto y entró a la puerta de a lado que era el baño. Tomó su camisón desde abajo y se quedó completamente desnuda frente a la tina, inmóvil, sólo veía la tina mientras el sol acariciaba su bella piel, pálida, más lúcida a la luz del sol. Con un movimient0 muy agraciado, se sentó en el borde de la tina, acariciando el agua como si fuera un bello tesoro o un amante. Se detuvo y dejó que el reflejo se clarificara, mostrando su rostro, sus ojos, dorados a la luz del sol brillaban en el agua y la miraban fijamente, como buscando algo más que a ella misma. Se levantó y entro a la tina con cuidad0, acostumbrándose a la temperatura del agua para no quemarse.

Tomó una pequeña esponja y con un poco de jabón y gran delicadeza lo pasó por sus piernas y brazos. Mientras hacía esto pensaba en la noche anterior y recordaba la lealtad que había demostrado Ariel en esos momentos de insenzatez.

Miró hacia la ventana del baño y supiró bajo una brisa temerosa y cálida que recorría su nuca y posaba sobre su pecho.

- Ariel... -

Comentó en voz baja mientras sus pensamientos divagaban en las penumbras de sus memorias. Recordaba en esos momentos un día de otoño hace unos 4 o 5 años según ella.

Era 24 de agosto, el cumpleaños de su padre, los niños jugaban bajo la sombra del gran roble en la colina y los adultos reían estruendósamente en la mesa, tomado té y comiendo galletas... pero alejada de todo esto estaba Acacia, leyendo un tomo de misterio y terror construído por el gran escritor Edgar Allan Poe, poemas e historias prohibidas en su casa y aun así ella desafiaba las reglas para poder leerlas.

- ¡Acacia!-

Una voz profunda y grave se escuchó como trueno en tormenta a unos cuantos pasos de ella.

- ¿Mande?...-

Contestó temerosa la niña, como esperando pedradas o alguna clase de agresión física.

- ¿Qué estás leyendo?
- "El gato negro" de Edgar All...
- ¿QUÉ TE HE DICHO DE LEER ESO EN ESTA CASA?
- Lo sé padre pero..
- Nada de "pero"... ¡A la cama sin cenar!... ¡Y dame ese libro!

Regañada y un tanto avergonzada Acacia se levantó y se encaminó hacia la casa donde una sirvienta la esperaba para escoltarla. Al llegar a su recámara encontró a un joven que poseía unos ojos verdes como pasto, frente a los cuáles ella se sintió desnuda y avergonzada.

-¿Quién eres?, ¿qué haces en mis aposentos?-

Con ternura y una caballerosidad impecable el niño besó la mano de la muchacha y dijo con voz melodiosa aunque a la vez poderosa.

- Mi nombre es Ariel Volodya de la casa Phantomhive, disculpa el atrevimiento, pero había escuchado de tu belleza y quería comprobarlo...-

Tras esto la joven enrojeció y bajó la cabeza sin saber qué decir o cómo actuar, lo miró y abrió la boca como intentando decir algo, pero antes de que cualquier sonido saliera de su boca Ariel puso un dedo sobre sus labios y le dijo.

- No es necesario hablar, ya le he faltado mucho el repeto el día de hoy mi señorita, espero verla pronto. Por cierto, quizá deba esconder los libros en un lugar menos obvio que debajo del colchón... quizá debajo de un madero.-

Tras esto el joven se marchó del cuarto y sus pasos recorrieron la casa hasta que se escuchó el sonar de la puerta.

Con esto la joven regresó a su tiempo y mirando la ventana del baño pensó.

- Ariel... Debo disculparme con él-

sábado, 6 de junio de 2009

Capítulo primero - Luna




Las olas agitadas impactaban contra el acantilado y hacían un sonido de poder y furia intentando imponerse a la roca que con todo su esplendor soportaba la fuerza del maravilloso mar. 

Parada, ahí en el borde del mundo estaba debajo de la luna gris una bella dama, joven, tendría 17 años y ya sentía que el mundo era suyo... Acacia de los Rioja, la más bella de sus hermanas y la más inteligente. Poseía unos ojos tan bellos como la luna misma y piel tan blanca como una perla. Su cabello, café, claro y sedoso era ondulado y de un tono castaño como buscando ser rojizo en las raíces.

La muchacha de pronto miró el cielo y con un ademán intentó acercarce a la plateada luna, se colocó sobre sus puntas y se estiró hasta caer en sus rodillas, derrotada y sin más sueños. 

-Quisiera morir Ariel. Perderme para siempre en las memorias de la vida y tan sólo ser recordada en muerte, pero... no soy capaz de terminar con mi propia vida.-

La muchacha volteó para ver directamente a los ojos de su oyente con lágrimas recorriendo sus mejillas y con una mirada que hubiera desalmado al ser más despreciable y ruin del universo. Volteó y de nuevo miró hacia la luna.

-Ariel... ¿Me juraste hacer todo lo que yo te pidiera y la lealtad eterna... cierto?-

Él, más joven que ella, se mantuvo callado y caminó hacia donde se encontraba tirada la joven. Se colocó a su lado y la abrazó. Ella, desconcertada, se quedó pasmada sin hacer ni siquiera un ruido o algún tipo de movimiento.

Ariel quebró en un llanto ligero y una sóla lágrima salió de sus verdes ojos y proclamó unas palabras. 

- Haré todo lo que me pidas, pero no te lastimaré jamás.-

- Entonces llévame lejos, muy lejos a donde no pueda sufrir...-

Dicho esto el muchacho la tomó de las manos y besó con gentileza su muñeca, la miró a los ojos y volvió a abrazarla. Ya en sus brazos la levantó y la llevó de regreso a la casa que se encontraba detrás de un pequeño cerro con un árbol muerto y torcido, negro, quemado y anciano.

- Sé por lo que has pasado Acacia y comprendo por qué sufres... pero ésto no debe detenerte, al contrario, tómalo como una experiencia y afróntalo. -

- ¿Cómo lo enfrento Ariel?, no sé cómo reaccionar en una situación así, la luna siempre me ha ayudado para tomar desiciones pero esta vez no me ayudará en nada...-

- No puedo hablar como si conociera la posición en la que te encuentras pero... -

- Si, tienes razón, no sabes lo que es perder a un padre...-

- Sólo deberías saber que no te dejaré jamás, aun en estos momentos tienes amigos y gente que verdaderamente te ama, debes soportar el sufrimiento y volverlo un buen recuerdo. Vamos ya, a casa que es muy alta la hora y no quiero que atrapes un resfriado. -

Tan sólo bajó la cabeza la dama y exclamó un pequeño "gracias", lo suficientemente fuerte para que él lo escuchara pero para que nadie más pudiera saber lo que había dicho.

Pasando a un lado del árbol, Acacia, con un espaviento y movimientos bruscos se soltó de Ariel y se incó ante la planta muerta.

- ¿Acacia?¿Qué haces? Ese árbol está muerto. -
- Ven, ¡mira! -

Volteó rápidamente con una rosa roja en la mano perfectamente abierta.

- ¿De dónde has sacado eso? -
- Aquí estaba, en la base del árbol, él amaba las rosas rojas... -

Ariel miró con extrañeza la flor que yacía en las manos de la joven y decidió tomarla. Agarró la flor y la colocó en el cabello de Acacia armando un chongo en su testa.

- Te ves hermosa. - Le dijo.

- ¿Cómo puedes decir eso? Estoy toda desarreglada y mis ropas están sucias al igual que mis rodillas.- 

- Lamento lo que ha sucedido, espe...-

-No te preocupes, todos tenemos nuestras caídas, aveces nos hacen pensar en cosas que no deberíamos. -

Acacia asintió y recobró su camino.

- ¡Vamos ya! a casa, debemos dormir Ariel, mañana te vas de viaje y no quisiera que estuvieras agotado por mi culpa. -

Ariel la miró nuevamente a los ojos y sonrió tristemente, como queriendo decir algo pero sin poder expresarlo. Tomó la mano de Acacia otra vez y le besó la muñeca.

- Vamos pues, tu también debes descansar. -

Al llegar a la casa, Ariel abrió con extremo cuidado la puerta de roble rojo tallada a mano de la cual se distinguían pequeños leones y dragones en todo el borde de la puerta y la perilla era la cara de un león con la boca abierta. Al entrar estaba un pasillo el cual llevaba a 4 lugares diferentes. La escalera del lado derecho, un baño debajo de la misma, la puerta de la cocina al final del pasillo y la sala a la izquierda de la puerta que se conectaba al comedor. 

Aun con Acacia en brazos tomó las escaleras y al llegar hasta arriba se dirigió al cuarto de la muchacha para dejarla al fin en su cama. El cuarto era de paredes y techo blanco, madera oscura en el piso mantenía caliente el cuarto. Un pequeño tocador estaba pegado a un ventanal en el ala oeste del cuarto. La cama era de gran tamaño y se podía distinguir pequeños grabados a los costados del mueble que hacían de aquél una magnífica pieza de arte. Colocó a Acacia sobre el colchón y movió las sábanas sobre ella, entonces se dispuso a retirarse cuando sentió que tomaban su mano.

- No dejes mi lado esta noche Ariel... por favor. -
- Si. - Contestó suavemente. 
- Por ti... la luna. -

Agarró una silla que estaba debajo del tocador y la puso a un lado de la cama y tomó una mano de la joven y la acariciaba como aquél que no quiere perder lo más valioso en su vida.

- Buenas noches Ariel, ¡descansa! -
- Hasta mañana. -

Acacia volteó a ver su ventanal una última vez y observó la plateada luna pasar frente a ella, despidiéndose y rogándole cerrara los ojos hasta el día siguiente. Miró a su acompañante otra vez y pensó para ella misma. 

- Gracias por todo, ojalá veas más lunas así, hoy está más bella que nunca. -

domingo, 26 de abril de 2009

Amor del bueno


Todo comienza con una ilusión de belleza y confianza, un sentimiento que se convierte en una esperanza y crece hasta volverse un susurro, una palabra que expresa tus ideales y deseos por una persona. Es aquella palabra de la cual estamos todos enamorados, que todos idolatramos, buscamos y hacemos lo posible por mantenerla una vez encontrada...

En esa idea es que te conocí y embarqué a tu lado en busca de una esperanza de la cual yo no estaba seguro, de la que no me diste ni una pista y sin embargo yo comencé a inventarla.

Vi agua donde había vino y oro donde tan sólo había piedras, me perdí en una ilusión hermosa y me entregué a quien no debía, pero el ser humano al fin y al cabo es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, más en ese transcurso es cuando aprende que se cae... para aprender a levantarse.

Vamos pues reflejo y sombra mía, que de arrastrarse lo conocemos todo, pero a caminar debemos aprender. Tomé mi ser y me moví de lugar, ya no me encuentro en posesión suya, ya no estoy en el centro de su mano, me he movido a la punta de su dedo. Estaré siempre para ti amada mía, estaré siempre contigo y te veré desde cerca, pero ya no sólo veré tu cara, ya no sólo me fascinaré por tus caricias, también buscaré a quien yo pueda encantar.

Al dejar el lugar que se me había asignado, el cambio fue repentino, me di cuenta de las "maneras" del amor, no tiene uno que amar tan sólo de un modo, no tengo que estar enamorado para amar, amo como a mis hermanos, amo como con mi madre lo hago y a ti, puedo amarte como lo hace un amigo.

Exquisito sentimiento el de amar y ser amado, magnífica sensación el de entregarse y recibir a la persona de vuelta. Es esto lo que siento ahora y me he dado cuenta que hasta cierto punto yo no estaba amando, pues el amar quiere decir que sé pensar en "tu" y sin embargo tan sólo pensaba en mí.

Cito ahora un poema del cual el autor desconozco que dice "Yo soy tu amigo y te digo, por favor no me hagas daño, pero si es necesario amigo, pero sólo el necesario." Me entrego ahora pensando en ti, pensando en lo que necesites pero pongo mi línea, tu estás allá y yo estoy a tu lado, como un ser aparte, no como tuyo, no como posesión.

Seguiré a tu lado hasta que me dejes o yo te deje, recibiré tu dolor como si fuera el mío pero nunca será el mismo. Yo ahora te abrazo y me despido, no es una despedida de siempre, por favor no me mal interpretes, tan sólo llámame... Cuando necesites a un amigo.


lunes, 20 de abril de 2009

El corazón



Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.
Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto.
Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.
De pronto un anciano se acercó y dijo: "¿Porqué dices eso, si tu corazón no es ni tan, aproximadamente, tan hermoso como el mío?"
Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos.
La mirada de la gente se sobrecogió "¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?", pensaron ...
El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír. "Debes estar bromeando, anciano estúpido" dijo. "Compara tu corazón con el mío... el mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor."
"Es cierto," dijo el anciano, "tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo"...
Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido."
"Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos.
Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día, quizás, regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón."
¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?"
El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas.
Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.
El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Este texto no es mío, desconozco el autor pero por favor no lo confundan, tan sólo ha sido un texto que consideré , podía enseñar algo valioso.

viernes, 3 de abril de 2009

Sólo por soberbia


Me encuentro caminando, segura de mi persona y de mis ideas, pensando en que quizá esté ya todo listo, que esté preparada para enfrentar a mi reflejo, ponerme un alto y poder crecer. Paso una vereda y veo un cementerio, me trae recuerdos de una época de tristeza y otra de felicidad, y me congelo al pensar que algún día yo estaré ahí. No importa, puedo hacer esto, puedo seguir adelante. Doy un paso, el siguiente y el siguiente, una secuencia que me acercan cada vez más a esas tumbas silenciosas y pacientes.
Soy la culpable de todo esto, la gente que amo se encuentra a mi alrededor, dormida, la gente que estaba para mi, que me ayudaba, y, sin pensarlo tan sólo les negaba, "no lo necesito", "puedo manejarlo"... Sigo caminando y volteo a mi derecha, me congelo y no puedo moverme, aquella lápida enfrente de mi, aquel nombre, aquella persona, la enterré, la pisé en con mi soberbia y brinqué sobre ella. Estoy rodeada, todas a mi alrededor, todas las piedras, todos esos nombres, es algo que yo hice, y que me persigue sin dejarme esconder.
Debo huir, no puedo con la culpa, los remordimientos y la vergüenza de lo que hecho, corro, rápido, buscando una salida,  un refugio y en mi desesperación pierdo mi camino, pierdo el piso y caigo...
El golpe me aturde, caí contra algo fuerte, madera, mi cara contra ella, me duele el cuerpo y no quiero moverme, no quiero regresar, sólo veo la madera, me volteo, miro el cielo y no puedo creerlo, estoy en un agujero de esos de los que estaba huyendo, trepo rápidamente fuera de él, sola, miro hacia atrás, al agujero en el que me encontraba y busco la lápida.
Al mirar no conseguí evitar este sentimiento, me privé de mí misma, el dolor, el recuerdo de aquellos días, la persona en esta tumba, él me lo entregó todo, siempre a mi lado, siempre en mi regazo, aquel que con tal de ayudarme dejó su salud y en mi ceguera le decidí ignorar, creí estar viendo a futuro pero mi orgullo me dejaba ciega, las lágrimas limpiaron mis ojos y recorrieron mi cara hasta alcanzar el cuello y recuerdo como sentir arrepentimiento.
Ya no lloro, el llanto se vuelve cada vez más fuerte hasta convertirse en un alarido, intenso, no puedo soportarlo y pienso en él.
Me callo unos momentos y le pido disculpas por no haber aceptado, quiero que vuelva, mi gran confianza, mi gran cariño y espero, espero una respuesta y el silencio me otorga una decisión... Tomaré mi vida en control y ya no dañaré más, me pongo de pie y me alejo, me pongo a pensar y me detengo, un golpeteo, un suave sonido detrás mío, pongo atención y escucho gritos de desesperación a lo lejos, regreso al ataúd y descubro que provienen de él, le llamo desesperadamente, golpeo con todas mis fuerzas su prisión pero no es suficiente, debe haber algo, una pala recargada en la lápida, la tomo y me dispongo a partir la madera. Pido disculpas mientras la madera se parte, me arrepiento y recuerdo un sentimiento de humildad.
Se parte la tapa en dos partes, lo veo ahí acostado, esperando, lo tomo de las mejillas y mis lágrimas caen sobre su rostro, él sólo se levanta, me abraza y me susurra al oído "Sabía que no olvidarías recuerda en pedir ayuda".
He logrado enfrentarme a mí misma, no puede hacerlo sola y ya no seré soberbia.
Conseguí crecer, y ahora acompañada... continúo viviendo

viernes, 27 de marzo de 2009

Entierro


Me voy a dormir con dudas, con miedo a quedar enterrado...

Lo primero que veo es un fondo negro... ¿Le puedo llamar fondo?, no veo si hay un fondo. Un techo, sí, es un techo lo que no puedo ver, sé que miro hacia arriba, acostado, ¿en qué? Un colchón, debe ser eso, el sentimiento es familiar.

Observo el frente de lo que yo, aunque no pudiera ver, consideraba una cama, es lo mismo, no veo más allá de mi nariz, no quiero estirar los brazos por miedo a encontrar algo, no se que tan lejos esté el piso y no quiero averiguarlo...

No escucho nada, no veo nada y no quiero saber nada, mis sentidos me son inútiles, no sé dónde estoy, dónde debería estar o con quién. Si pienso demasiado me va a dar dolor de cabeza. No he comido nada, esa es la razón, mi dolor físico es nulo hasta el momento pero no eh querido moverme para no saberlo. Mi dolor espirituaal es muy grave, ¿a quién lastimé?, ¿qué hice para que alguien me trajera aquí? 

No recuerdo enemigos, no visualizo objetivos, ni a quién, ni a qué.

No he movido mis brazos, no he sentido mis piernas, no veo nada todavía, quizá en la mañana descubra dónde estoy. Me dispongo a esperar, no tengo nada que perder, quizá haya una ventana que no puedo ver por la oscuridad de la luna nueva que se presentaba esta noche. 

¡Si!, hay una explicación para todo, no puede haber sucedido eso que estoy pensando, jaja, ¿quién lo diría? el gran von Constantine Zimmer casi llega al punto de la locura, debo levantarme y acabar este mal sueño. 

Me decido levantar y me encuentro con un techo a 10 cm de mi cara, expando los brazos y hay pared a otros 10 cm... No puedo creerlo, mi respiración, ¿qué sucede?, ¿acaso es cierto?, encajonado, enterrado, sigo en vida, vida en vida, no he muerto, de ningún modo he muerto, lo sé, ¿qué hacen, por qué estoy aquí?

Grito, pataleo, golpeo... no hay respuesta. Al cabo de un rato pierdo las esperanzas de pelear, dejo de gritar y golpear, silencio, sólo hay eso. Pasó lo que yo diría fue un día completo, mas mi reloj apuntaba un minuto, dos minutos, tres... no lo soporto, se debería enterrar a la gente con una pistola para aquellos que despierten, no puedo creerlo, morir así, solo, en silencio, sin hogar, sin nadie que piense en ti.

Escucho algo sobre mí, un leve sonido a lo lejos, una voz, tan hermosa voz... Debe ser un ángel, una criatura enviada por Dios mismo para que me recoja, es voz de una dama, pero, hay algo que no concuerda, llora, mi ángel llora, no debería llorar y no sé qué está sucediendo, me preocupa estar así, desconociendo todo lo que sucede a mi alrededor y sintiéndome impotente.

Tal vez pueda animar a mi ángel mostrando mi felicidad de que venga por mi. Grito, golpeo, me emociono y muestro el gran pulmón que entrené por años para que aquél que me busca por muerto vea que estoy feliz de verle. Escucho mas cerca su voz, pero ya no son llantos, son preguntas, cada vez mas fuertes hasta hacerce gritos de desesperación y angustia.

Empiezo a escuchar golpes en mi ataúd, le están quebrando, me están liberando por fin, lloro ante la emoción de que me voy a ir con mi ángel a visitar la casa del Señor, no merezco esta vida, lastimé a los que creí amar y me han condenado, merecidamente, a esta pena tan terrible.

Veo el primer rayo de luz y cierro mis ojos, escucho su voz, siento su piel... ¿Piel? Mi ángel tiene piel, mis grandes pesares que me encierran bajo la tierra de mis pecados fueron abiertos por un mortal, pero quisiera saber qué mortal ha hecho esto.

Abro los ojos y descubro aquella persona que adoro, aquella que me apoya sin pensar y que me quiere sin chistar, la luz de mi vida que sin amarme me hace feliz.
Ya recuerdo donde estoy, la prisión de mi mente es mi final, pero me encuentro a salvo ahora, me siento estimado y veo que tengo a dónde volver, esa voz piensa en mi y donde piensan en ti es tu hogar, no importa donde estés, esos sentimientos y pensamientos te van a llegar y recordarás quién eres y por qué sigues adelante. No ha sido pesadilla, ha sido recordatorio, un recordatorio para nunca mas olvidar lo que siento, para no intentar reprimirlo.

Me ha salvado aquella que amo, me ha sacado de mi maldición interna, de mi tortura eterna que llevo en el alma, me habla y me abraza, me dice que fue una pesadilla pero sé que miente, ella sabe que el enterrarme vivo en mi mente no es una pesadilla sino un flagelo al no conocer lo que sientes y un recordatorio que te inspira a seguir, a enfretarte a ti mismo.

Ya no dudaré a irme a dormir, ya no tengo miedo, tengo un sueño y lo voy a cumplir.

Gracias Ama, quisiera dedicarte este pasaje, que, aunque confuso se que será de tu agrado.
Te quiero, no lo olvides, no enfrentes sola toda la vida, es muy pesada y necestias ayuda.

jueves, 26 de marzo de 2009

Snuff - Slipknot

Bury all your secrets in my skin
Come away with innocence
And leave me with my sins
The air around me still feels like a cage
And love is just a camouflage
For what resembles rage again

So if you love me let me go
And run away before I know
My heart is just too dark to care
I cant destroy what isn't there
Deliver me into my fate
If I'm alone I cannot hate
I don't deserve to have you
My smile was taken long ago
If I can change I hope I never know

I still press your letters to my lips
And cherish them in parts of me that savor every kiss
I couldn't face a life without your light
But all of that was ripped apart...
When you refused to fight

So save your breath I will not hear
I think I made it very clear
You couldn't hate enough to love
Is that supposed to be enough?
I only wish you weren't my friend
Then I could hurt you in the end
I never claimed to be a Saint
My own was banished long ago
It took the death of hope to let you go

So break yourself against my stones
And spit your pity in my soul
You never needed any help
You sold me out to save yourself
And I wont listen to your shame
You ran away you're all the same
Angels lie to keep control
My love was punished long ago
If you still care, don't ever let me know

If you still care, don't ever let me know...

viernes, 13 de marzo de 2009

Paseo a la vida


Por fin me encuentro solo, donde pertenezco, voy cómodo en mi carroza y mis mejores ropas, sentado, observando las calles de tan hermosa ciudad.

El camino es largo, voy a Notre Dame, a la plaza principal, me dirijo con gusto, paciencia y una cierta displicencia. Miro por la ventana, hay niños jugando en las calles, al ver la carreta dejan su pelota y comienzan a seguirme, gritar y jugar, corriendo detrás del carro, mucho ruido, quisiera que se callaran, por suerte su madre los interceptó. Recuerdo aquella panadería, yo robé unos cuantos panes de ahí cuando sólo tenía 8 años, tremenda golpiza que me proporcionó el panadero, pero aun así me quedé con una "baguette", una sonrisa y un trabajo bien realizado. Estoy sonriendo mientras recuerdo aquellos tiempos.

Pasamos un bache y casi me golpeo contra el techo, le grito al cochero pero recuerdo que es sordo, o eso parece... Vuelvo a mirar por la ventana, es la calle "Mardeux", había una perfumería si recuerdo bien, un regalo para mi esposa, un lindo perfume que le mandé comprar ahí con la fortuna heredada de mi tío. Aquel juez de la corte republicana que Robespierre y Danton crearon, y a manos de la misma murieron. A veces la vida es muy irónica, uno pelea por sus ideales, por la justicia, e implanta un sistema incorruptible y años después muere a manos del mismo, de una manera injusta, a razón de calumnias.

He divagado tanto que he perdido la noción del tiempo, ya veo la catedral a lo lejos, se ve tan hermosa, el sol poniéndose entre el magnífico arco invertido que compone el techo de aquella maravilla arquitectónica. Veo las gárgolas, o al menos las imagino, mirándome, riéndose confiadas de su inmortalidad y frialdad. Alguna vez subí al campanario de aquel edificio y nombré a la campana mas grande en mi honor, "Pierre", era la más hermosa de todas, la más magnífica y sonora. Yo jugaba a gritar dentro de ella mientras me tapaba las orejas y observaba a todas las palomas salir volando. Deseando poder seguirlas, como Ícaro y su padre, que lograron lo que ningún otro ser humano antes, ni ahora, volar...

¡Vaya!, no me había dado cuenta, ya estoy en la plaza principal, el obispo está esperándome, la multitud aclama, me avientan flores y algunos ríen, cuando salgo del carruaje toda la gente me mira, sonrío y me guían hasta la plataforma que fue preparada para mí. Subo y me ofrecen la palabra, no sé que decirles, tantas caras, sonrisas, lágrimas, veo todo. Invade al lugar un silencio sepulcral, todos callados, observan y esperan al más mínimo sonido que emita. Escuchan. Los miro a todos y proclamo el lema de los derechos humanos, derechos que me fueron revocados, derechos que me están privando, de los cuales escribí y aclamé, lo que provocó que ellos me trajeran hoy a esta plaza.

Ya estoy hincado, movieron mi cabello, el cuello debe estar libre de estorbos, escucho que la palanca baja, la navaja cae y percibo una última cosa, una frase del público, "Feliz viaje, no olvides escribir"

Gratitud


Es sólo un sentimiento, no lo llamaría factor, una condición, no un estado, es este sentimiento que me lleva a pensar ¿qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que busco? 

No puedo razonar, no es cuestión de hacerlo, no debo pensarlo, no puedo. Sólo siento, vivo, me causa confusión pero me pone de buen humor. 

No tengo opciones, es esta enfermedad, me duele el estómago  y la cabeza me da vueltas, sin embargo, no hay medicina existente que me saque de tal estado, que me cure este pesar tan agradable, este sufrimiento placentero, la duda, la pasión, todo esto en una situación sin saber como describirlo, sólo avanzo y escribo sin ver mi camino. 

¿Qué sucede conmigo? 

Al parecer sabes muy bien las cosas que haces que le puede molestar a la gente, no se puede entender. En este sentimiento que me llega de pensar en ti, de aquella mirada y esas palabras "gracias, gracias por todo". Palabras que retumban en mi subconciente, palabras que deseo perduren en tus labios, que las sientas y percibas mi unión a ellas. Ojalá permanezcan eternamente en tu memoria, recordando, recordando a quién se las dijiste, en quién piensas al decirlas y por qué las dijiste.

Confío en ti, te lo he demostrado y a cambio me has otorgado tu confianza también, cosa que me anima, que me inspira y te coloca en mis memorias, se debe a esa confianza que he logrado conocerte, a quererte y añorarte, y es por aquella confianza que creíste no importarme, el aconsejar una relación que me lastima, que me tortura ver, pero ahora sabes lo que siento y lo que quisiera lograr.

Si pudiera estar contigo, quisiera darte mi cariño, ahí cuando hay peleas, cuando te sientes sola, darte un abrazo, decirte lo que siento, lo que eres para mí, qué mereces y entregarte todo. 

El problema es el siguiente, en mí sólo viste un amigo, no viste una opción, no pensaste que fuera así, por alguna razón, no llegué a tiempo, no fui suficiente, lo desconozco, tan sólo ofrezco mi mano, mi hombro y estar ahí esperanzado, buscando una señal y siendo recordado, sólo por gratitud.

lunes, 2 de marzo de 2009

Inconciencia personal


Regreso del colegio a mi hogar, lugar de supuesta paz, descanso y comprensión. Abro la puerta con temor, intranquila, intento no hacer ruido, tan sólo llegar a mi cuarto y terminar con mi día.

Sintiéndome triunfante a unos pasos de mi recámara retumba una voz familiar que vocifera detrás de mí. Sólo escucho injurias y juicios lastimeros, veneno a mí ser, veneno a mi mente, me intento abstraer de todo eso, alejarme de las ofensas y no hacerles caso. Huyo, me alejo de aquello y me encierro en mis aposentos. No debo escuchar, sólo debo ignorar, seguir, esperar…

Las ofensas vuelven através de mi imaginación, me gritan y destruyen, me lastiman y acaban por absorberme, a liquidarme. Escucho esto todos los días, nunca falta, jamás muere y siempre me acecha, comienzo a aceptarlo, empiezo a creerlo, está en todos lados, no puedo escapar, aquella presencia me daña y yo no hago nada, no puedo, no me creo capaz, me siento inútil. He intentado cambiar, convencerme de que estoy mejor, que puedo contra el juicio y que no me afectará, pero encuentra un detalle y se abalanza sobre él, sería mi altura, mi cara, no importa, está mal, feo y grotesco.

Busco confianza, seguridad o alguna salvación, la soledad está sobre mi hombro y se burla de mí y no me da descanso ni respiro, sólo frustración.

Siguiendo con mi vida me pongo a dudar, ¿valdrá esto la pena o debería terminarlo? Escucho otra voz, ésta es calma y amable, me ruega por paciencia, me pide soportar y me jura que esto se va a terminar. Soy inconciente de mi persona, no conozco amor y pierdo la conciencia, pierdo el saber, el conocerme. Vuelvo a escuchar la voz amable, aquella me reinventa, me dice una mentira, una hermosa mentira, ¿será una mentira?, ¿no seré yo la engañada? Recuerdo la primera voz, la familiar y hostil, aquella que me hiere y la decido confrontar, creer en aquel que me recordó quien era, el que remarcó lo que soy, lo que ya había olvidado.

He salido de mi inconciencia personal, he dejado atrás las mentiras lastimeras y comienzo aceptar lo que mi aliado dice, estoy bien, ya me conozco, creo en mí y confío en él, aquel que quiso ayudarme y me dio lo que necesitaba, un poco de seguridad y un apoyo incondicional.

Confronto las mentiras que gritaban en mi hogar, le recordé que me hace daño, que miente, le miente a la persona más importante para ella, le miente a sí misma… No parece reaccionar e intenta lastimarme mas, pero ya veo la verdad, ya se la realidad y me aferro para mantenerme. Se dará cuenta al rato, se disculpará conmigo después y arreglaremos esto. Ahora agradezco la confianza, la seguridad dada, se me hace rara la lealtad pero hay alguien que me acepta, me conciente y me mantiene. He salido de mi inconciencia personal para ver mi vida, acompañada, conciente y querida…


Este pasaje está dedicado a la joven MariDi.

Le agradezco la confianza y le imploro me tenga paciencia.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Extraña Inspiración


El lugar no fue elegido, el momento inesperado, pero te encontré varada, sin rumbo, como náufrago en una sociedad de injurias y juicios sin sentido. Te vi diferente, algo que no pertenecía al cuadro, como una rosa en invierno, no es esperada, ni aceptada, pero es envidiada. Yo observaba y adivinaba tu personalidad, tu mente y tu alma. 

Decidí tomar el primer paso y en vez de juzgarme, odiarme o dudarme, preferiste sonreír e invitarme a conocerte. Al irte hablando me di cuenta de lo diferente que eras de los demás, de qué era lo que pensabas y qué era lo que sentías. Observé tu fortaleza, tu indiferencia, me asombré de tu inteligencia y me enamoré de tu presencia. Parecías muy fuerte y como si no temieras a la muerte, la fragilidad de tu persona no se veía fácilmente. 

Muy dentro eres débil, eres cariñosa, en busca de ayuda, de una mano, una luz o una esperanza. Eras tal cual aquella rosa en el invierno, por fuera peleas contra la nieve y el viento y por dentro sólo buscas un sol, una gota de agua. Buscas confianza y pasión, algo que te diera una razón para continuar, para vivir. En esta sociedad de frustración te sentaste sin esperanzas y entonces sin buscar, se acercó a ti un amigo y la mano te ofreció.

Inspiro en ti este escrito, que hice una mañana trágica, con una misa, con una muerte, pero vamos que en el aire hay algo, es una extraña inspiración que me llega de tu recuerdo...

martes, 17 de febrero de 2009

lunes, 16 de febrero de 2009

Ilusa


La realidad es sencilla y vengativa, tú dejaste un tesoro atrás, un tesoro que no te merecías.

Recuerdo tus besos, tus ojos, los sueños e ilusiones abandonados en el aire, tatuados con mi sangre. Has dejado atrás este tesoro para recojer una basura, no has visto la realidad y te has negado la felicidad. Aquella basura que has encontrado, podrá ser que te tenga todos los días, que pueda tocarte y olerte, pero ella nunca podrá llenar aquello que dejé, nunca podrá ser lo que yo fui, no completará tu presente como yo lo hice con tu pasado. Un pasado que te marcó, que te condenó, es un pasado que sigues y un pasado que amas.

Te has quedado incompleto, pero te doy la llave, si eso es lo que quieres te doy la solución, quédate con tu ilusa, si ella quiere. Pero vamos, te voy a proponer un trato, no le vayas a mentir, cuéntale tu pequeño secreto, aquél que has escondido, el secreto de un desaprovechado. Muéstrale el fuego que amas, fuego que nadie más tiene, llamas que sólo tu enciendes. Tu vas a continuar con tu escudo de mentiras, besándola, minténdole y diciéndole, diciéndole que la amas. 

Sólo tú puedes tomar decisiones, enfrentarte a tu pasado, regresar a tu hogar donde yace la flama inmortal, aquella que no dejas de amar. Aquélla, aquella belleza inmortal de ojos pardo, esa eterna, esa, esa soy Yo...


Relato inspirado en el poema "Ilusa" escrito por Amarande Riojas Orozco

domingo, 15 de febrero de 2009

Noche Intranquila


El llanto ahogado del infante, proveniente del cuarto de a lado me despertó, con miedo y cobardía bajé y me alejé de la comodidad y seguridad que proporcionaba mi cama y me acerqué a la puerta que conectaba ambas recámaras, y con mi pequeña mano tomé la perilla. Asustada y temblorosa dudé un instante en entrar, pero mi curiosidad humana, me llevó a tomar la decisión de adentrarme en los oscuros aposentos de mi pequeño hermano. Caminé ni siquiera 3 pasos cuando encontré que la raíz de llanto provenía del armario, y al acercarme el volumen aumentaba equilibradamente.


Tomé la puerta corrediza, la abrí y descubrí al perpetrador de mis sueños, ahí estaba la pobre criatura, encorvada y lloriqueando, balbuceando palabras que ni él mismo podía entender.

- Ya, ya. Basta ya de llorar, ten calma, shh... -

Le decía para que se calmara, lo tomé en mis brazos y le pedí que no se preocupara ya, que estaba yo a su lado y que ya nunca estaría solo. Levanté su cara y vi en sus ojos soledad, una soledad que me carcomió el alma y me llenó de tristeza.

- ¿Por qué lloras pequeño?, ¿por qué has dejado de soñar? -

Le tomé las mejillas y con suavidad limpié sus lágrimas, las más sinceras que he visto, las más puras que existen, las lágrimas de un niño. Mientras lo abrazaba recordé, recordé la soledad en la que se encontraba, la tristeza que le pesaba y la falta de un padre que añoraba. El padre del infante era el propio, pero yo tenía que ser la fuerte, yo tenía que ser la que lo ayudaría llevar esta carga.

- ¡Vamos pequeño!, levántate del suelo que solo vas a pescar un resfriado. -

Lo tomé de la mano y lo regresé a su cama, lo acobijé y le pedí que ya no llorara, que sólo recordara los buenos momentos y que olvidara su ausencia, que recordara como era, que recordara que a él no le gustaba que llorara.

Me dispuse a retirarme pero aquél me tomó la mano y con la mirada me rogó que me quedara. Asentí y me introduje en su cama y abrazándolo cuidadosamente me coloqué a su lado. Al pasar las horas él se quedó dormido, él ya no lloraba y estaba en calma, aquél que había sufrido ya estaba en paz, habría de dormir ahora y despertar mañana

sábado, 31 de enero de 2009

Tributo a la Mujer


El hombre siempre ha hablado de lo orgulloso que se encuentra de haber construido este mundo a su placer, más nunca hemos tomado en cuenta al pilar que lo sostiene, la mujer.

Aquella criatura, la cual nos da su amor incondicional y nos trae al mundo. Aquel ser que vela por nosotros los hombres que creemos tener al mundo en nuestras palmas. La mujer es lo único que puede hacer que un hombre deje lo que sea que esté haciendo para seguirla hasta donde ella vaya, es la única cosa que puede sacar a uno de sus casillas, llevarlo al límite de la ira y seguir amándola.

Como tales son hermosas no importa como sean, altas o bajas, delgadas o esbeltas, etc. Siempre serán nuestras mujeres que amamos con todo nuestro ser y cambiaríamos el mundo por ustedes. Nos mueve su amor y su encanto, nos dejamos llevar por sus movimientos, olores y sonidos. Caminan con gracia y elegancia, nos hablan con ternura y amor, provocan que hasta el mas frío se derrita y se arratre a sus pies. Si no fuera por las exigencias de las mujeres que querían un mundo al modo que ellas lo deseaban, este mundo no existiría.

¿No fue acaso la guerra de Troya por causa de Helena?, ¿No se llevó a cabo la batalla de Waterloo porque Napoleón quería recuperar a su esposa? Esto es tributo para las mujeres y un recordatorio para los hombres, sin ellas nosotros tampoco estaríamos aquí. Así que cuando vayan a gritar, golpear u ofender a una mujer piénsenlo dos veces y dense cuenta, son hermosas e inofensivas, aunque un tanto explosivas.

Mujeres, las amamos con todo nuestro ser y se les agradece por compartir este mundo que sostienen con nosotros. Cuídense y no olviden de protegerse las unas con las otras pero no le echen la culpa a los hombres de cosas que no valen la pena, hablen con ellos y ya verán que ellos van a reaccionar ya que las aman.

martes, 27 de enero de 2009

Cambio


Un cambio, un cambio es lo que provocó mi soledad, un cambio es lo que causó mi debilidad. Aquel cambio que fracturó mi vida y destruyó la tuya. Fue una decisión errónea la que tomaste, pero las consecuencias no fueron tan graves.

Fue una decisión errónea la mía, pero las concecuencias fueron mucho peores. Yo soy el que se sacrifica, soy el que te visita, el que cambia sus planes para venir a verte, soy aquel que mueve los tiempos para pagar mi deuda. Soy el que buscó el cambio, y por ello tengo que pagar, pagar el tiempo, pagar el sentimiento, pagar ¿pagar?, ¿pagar qué?, tan sólo el sufrimiento, sólo la agonía, el precio fue alto pero no insoportable. Soy el egoísta de esta historia, aquel que cree llevar todo el peso en sus hombros y que no ve más allá de su nube de individualismo, el que no sale de la casa del "yo", de mi "yo" insoportable. Mi "yo" desapareció, se extinguió y dejó de existir pues dependía de la existencia del "tú". ¿Yo?, como tal no existo pues "yo" eres tu, y tu ¿dónde estás? Que pregunta mas estúpida, estás aquí enfrente de mi, conciente de ti. ¿Cómo sería estar conciente del "yo"? Conocer el propósito del cambio en uno y las concecuencias del mismo.

Yo, jajaja, que iluso fui al creer que tu eras mi todo y yo no existía, que tu eras mi mundo y yo no podia estar en el sin ti, pero ahora no estás y yo sigo aquí, respiro, camino, estoy y soy. Soy un individuo, soy uno, una persona, una idea y al final soy "yo". ¿Sabes? venir a visitarte me ayuda a reflexionar, te lo agradezco, te agradezco el cambio que me has dado, me disculpo por el cambio que te he robado y te pago con un cambio que darte.

Hoy me despido y te entrego el cambio pues ya no vendré todos los días, vamos, ya no vendré. Estarás sola desde hoy en día, pero antes, quisiera yo decirte algo, algo que nunca dije y no creí decirte. Te diré mis sentimientos, nunca me los preguntaste y nunca los demostré, pero te lo digo hoy, te amo. Te amé cuando naciste, te amé cuando tuviste a tu primer novio y yo te di consejos para obtenerlo, te amé como a nadie en este universo, te sigo amando aunque ya no lo diga y no lo demuestre pero estoy aquí y lo estaré para ti.

Mi camino continúa, yo seguiré cambiando, pero conservaré lo que me has dado tu, la felicidad de haberte conocido y de haberte querido. Te doy las gracias amada mía y hoy, hoy que estoy parado sobre tu lecho ruego a Dios, aquel Dios que te llevó lejos, a donde yo no puedo ir que no deje a ningun otro padre sufrir lo que es enterrar a una hija. Dejo ahora tu lápida para ya no verla más, te has ido pero yo continúo en mi felicidad y te dejo mi tristeza para que te acompañe.

Adiós Princesa, ya he cambiado...