sábado, 8 de mayo de 2010

Banqute en familia


La noche ya estaba sobre mí, tan sólo mis pensamientos me acompañaban sentado a un lado de la chimenea leyendo libros de ciencias olvidadas. "Quizá" pensé "mi situación es parecida a la de El Cuervo de Edgar Allan Poe.. quizá lo sea".

Con la vista un poco cansada decidí quitarme los lentes y cerrar mis magníficos volúmenes de inteligencia y conocimientos pérdidos y me dispuse a acompañar a mi amada a la cama... pero antes, un aperitivo.

Al llegar a la cocina vi una copa de vino usada, mi reserva abierta y vertida sobre un filete. "Bueno, no debe desperdiciarse" pensé, y cuando le di el primer bocado me sorprendió el maravilloso sazón que poseía. Un poco dura la carne, lástima.

Agregué unas verduras hervidas al platillo y lo terminé gustosamente. Lavé mis manos y noté una mancha de vino en mi camisa, cosa que no me puso en el mejor de mis humores. Atravesé la cocina, abrí la puerta a pasos flojos y arrastrados caminé por el vestíbulo hasta las escaleras de cedro rojo en el centro del cuarto. Al subir se divide la escalera en derecha e izquierda, los cuartos de estar, juegos y mis hijas de un lado y el mío y el cuarto de mi esposa al otro.

En la intersección de éstas decidí ir a despedirme de mis hijas, básicamente son mi razón de vida y como tales las cuido.

Caminando por el pasillo observé con detenimiento las pinturas de mis ancestros y particularmente me fijé en uno mostrando a mi bisabuelo con su traje de guerra.

La barba blanca prominente y su uniforme negro. Una bella cruz de hierro colgaba de su cuello y sus magníficas medallas se mostraban presumidas en su pecho. Su hombro izquierdo, mostrado al frente, presentaba su rango militar a través de estrellas y flechas.

Iba a continuar mi camino, pero una pequeña mancha en el marco llamó mi atención. El marco, de roble rojo y retoques negros en las puntas tenía unas pequeñas cabezas de león en la parte superior e inferior viendo hacia la derecha e izquierda respectivamente, al parecer, la cabeza inferior estaba entintada. Me acerqué y meticulosamente intenté rasparle la gota y mientras lo hacía descubrí que no sólo era el cuadro, si no que toda la pared escurría y era reciente.

Busqué la causa o prueba de que hubiera tinta en la escena... pro no se encontraba nada por ningún lado. Un poco extrañado me dispuse a entrar al cuarto de mis hijas y me proponía a preguntarles si sabían algo al respecto, pero al tomar la perilla me encontré con que escurría en rojo, un rojo oscuro, vivo... "!Marie y Lyla¡" pensé ya con angustia, le di la vuelta a la perilla y entré azotando la puerta contra la pared buscando a mis hijas con la mirada.

"¿Marie?..." susurré con temerosa voz a una sombra en cuclillas al fondo de la recámara que sostenía un bulto entre sus brazos.

Sin atreverme a hablar más me acerqué con cautela, di un paso, luego otro y otro... Acercándome cada vez más a mi objetivo pero a la vez me tardaba demasiado. Le tomé el hombro y le volteé hacia mí. Marie, tenía sus hermosos ojos pardos abiertos y reflejaban la luz de la luna, su fina barbilla blanca estaba manchada de rojo junto a sus inocentes y magníficos labios. El cabello, normalmente negro y lleno de vida estaba apagado ante un color opaco y maltratado, la misma mancha de la perilla y la pared, misma sustancia en sus labios; en lo más profundo de mí ya sabía qué era dicho líquido, pero me negaba rotundamente a aceptarlo.

Me miró fijamente y torciendo su sonrisa al igual que su cuello me dijo "¿Por qué papá?... ¿Por qué se mancha todo?" SIn saber a qué se refería la tomé de los brazos y ella dejó caer a... mi hermosa Lyla, o lo que quedaba de ella. Su linda mirada inocente se veía sin vida y llena de duda, un miedo inmenso que causaría al más valiente acobardarse y su cabello rojizo, como su padre, estaba como arrancado por manos y manchado en su sangre. Los pómulos estaban cortados y habían sido extraídos completamente en forma de medallones y su mandíbula estaba expuesta en una eterna sonrisa. Sus bellas y pequeñas manos, tersas y blancas, se encontraban ahora pintadas y rotas, los dedos completamente torcidos en formas completamente irregulares y sus uñas estaban rotas o incluso arrancadas. Tenía rasguños en todo el cuerpo y fue despojada de sus ropas...

"¡¿Qué hiciste Marie?!" Por dentro el horror me consumía. La rabia corría por mis venas y la sonrisa de Marie se reflejaba en mis ojos, cada segundo que pasaba me hacía perder más la cabeza, mi conciencia desaparecía y la desesperación llenaba mi mente hasta que tomó posesión de la misma. Tenía la idea de destruir lo que había terminado con la vida de mi bella princesa.

Me levanté y me dirigí hacia la puerta, cerré con llave y busqué debajo de la cama de Marie el bate que utilizaba para ahuyentar animales de la casa y lo apreté con ambas manos. Comencé a temblar de sobremanera y dudé... Dudé durante varios instantes sobre lo que estaba haciendo, "¿Mi bella hija, mi princesa sería capaz de esto?", me pregunté una y otra vez y tras uno segundos de pensarlo, Marie me interrumpió... "Papá, ¿creíste tú, que mi hermana fuese tan hermosa así? ¡Mira! no deja de sonreír".

Ese momento mi temblor desapareció y con todo mi pulmón grité, levanté el bate frente a ella y con todas mis fuerzas lo hundí en su nariz. Escuché los huesos quebrar y hacer contacto entre ellos, se hundían... ¡SE HUNDÍAN! Su despreciable sonrisa se borraba y un alarido de dolor se escapó de boca. "No puede terminar así..." La facilidad que fue la destrucción de su rostro me dio confianza y asco al mismo tiempo. El resto de ella no podía quedarse así, no sería justo ¿verdad? Sus manos destrozaron a mi Lyla, sus ojos la vieron morir y su corazón no se acongojó en lo más mínimo. Nuevamente comencé a golpearle, sus costillas, sus manos y nuevamente su cráneo, Vi como cada una de estas partes sucumbían a la destrucción hasta que hubo un completo y maravilloso silencio...

La bella luna se reflejaba en los ahora cuerpos sin vida de mis hijas. Incluso podrían haberse confundido por un par de hermosas muñecas de porcelana que en un terrible accidente, se habían caído de su estante. Mis pobres amores, una destruida por la enfermedad de su hermana y la otra eliminada por venganza.

"¿Qué dirá mi esposa al respecto?... Seguro no estará contenta y mucho menos entendería que..." Lo que vi en ese momento me atemorizó, el asco recorría mi piel y cada centímetro de mi persona. ¡Su maldita sonrisa seguía completa!¡Cada uno de esos dientes como perlas intactos!

¡Esto terminaría ya!

Salí del cuarto alistándome mentalmente, conseguiría unas pinzas y le arrancaría la sonrisa...

Con el bate firmemente empuñado recorrí el pasillo de cuadros y aunque yo sabía que mis ojos me engañaban, vi a Marie al pie de las escaleras, sonriendo, su cuerpo completamente roto y el cuello torcido de una forma grotesca, el cráneo abierto y las manos completamente rotas. Se paró frente a mí y cínicamente me dijo "Lyla no sonríe papá... ya no". Bajé corriendo las escaleras gritando y planté un golpe de lleno en el tope de su cabeza, más a la luz de un relámpago me encontré golpeando al busto de Atenea que tenía en el recibidor del vestíbulo. Sorprendido, decidí correr hacía la cocina para encontrarme a la bastarda aquella bebiendo del vino de mi mesa. Ignorándole seguí mi camino hacía el cobertizo y la caja de herramientas.

Al llegar estaba todo vacío y no habían señales de ella. Abrí la caja y busqué una llave de "perico" entre martillos, clavos y desarmadores. Al encontrarla observé sus bellos "dientes" y me figuré a mí mismo arrancando los frontales, maxilares, caninos y molares de la boca de mi hija... Sería tan grato.

Mi sueño se vio interrumpida por una voz a mi espalda, una voz burlona que yo quería destruir y al mismo tiempo que su voz pronunciaba mi nombre volteé con el bate en manos y con toda mi fuerza le saqué la mandíbula inferior de golpe y se enterró en la pared.

"¡Por fin! tu endemoniada sonrisa murió, ¡MALDITA! ¿Creíste que podrías acobardarme y gana... eh?"

Sus vestiduras eran diferentes. La tomé del hombro y vi como agonizaba al desangrarse mi esposa... Le había volado la mandíbula y cada uno de los dientes y nervios superiores, la traquea expuesta al aire y su mirada de duda fijada sobre mí. El horror y la culpa llenaron mi alma y cuerpo y mi habla se detuvo completamente. Tan sólo pude abrazarla y mientras ella apretaba mis brazos esperé lentamente a que muriera desangrada.

Ya muerta me levanté y con tantas lágrimas en los ojos que ni podía ver recordé quién... no, no "quién", sino "qué" había causado todos esto. Levanté la cabeza enrabiado con las pinzas en mi mano izquierda y grité; grité con toda mi alma y fuerzas al mismo tiempo que corrí hacia la cocina, el vestíbulo el pasillo de retratos y el cuarto de mis hijas. Esa estúpida sonrisa seguía allí. Tomé mis pinzas, le prensé uno de los dientes frontales con fuerza y jalé mientras le sostenía el cráneo expuesto de la frente.

1... 2... 3... así hasta los molares, je je je.

Por fin, al terminar las paz entró y sentí descanso. Salí del cuarto y caminé hacia el baño. Al entrar, miré el reflejo del espejo y al hacerlo sonreí... "Tienes la sonrisa de tu padre Marie... Debemos cuidarla".

Al salir del baño la policía estaba en la casa, seguro por los gritos los vecinos llamaron para que vieran que todo estuviera bien; mi ropa estaba ensangrentada, así como mis manos y boca, unos dientes en la mano.

Según los reportes policiacos y oficiales, bebí y comí un delicioso banquete de Lyla, le volé los sesos y huesos a Marie, le arranqué la mandíbula a mi esposa, le saqué los dientes a Marie y a mí mismo, después, me los puse... Pero, todos sabemos lo que pasó en verdad... ¿no?




sábado, 3 de abril de 2010

Asesino




Quizá algún día me entienda a mí mismo, quizá nunca lo haga, lo que si sé es que en estos momentos, tras leer un libro de cuyos autores no estoy enterado... se me ha ocurrido la magnífica idea de cometer un asesinato... Si, un asesinato, lo registro en estos momentos porque ningún reporte policiaco podría siquiera acercarse a la belleza y pureza de mi ideal nocturno o de conseguir uno de los sentimientos plasmados en dicha obra...

La... víctima, creo que es el modo más correcto de llamarle, debe se pequeña, de color y vigorosa, una magnificencia palpitante de vida y juventud. La situación no es sencilla, asesinar alguien por el estilo o con dichas descripciones no es fácil... quizá le encuentre en cualquier lugar del planeta, sencillo de ver, pero matarle no será nada fácil. La parte divertida, además del asesinato, es el conocer a la víctima, sus emociones y movimientos, sus gustos y desagrados... pero lo más hermoso es pertenecer a dichos gustos y no sólo eso, sino volverse incluso su gusto y después su amigo pero más adelante... la exquisitez de volverse su amado.

¡Oh dulce sentimiento de pasión y orgullo! ¡Magnífico placer de poseer sus sentimientos y ser el dueño de los mismos! ¿Qué más puedo pedir?... NADA.

La pureza de todo esto está en el sentimiento del asesino ¿eh? Quizá no me entienda mucho en este momento, déjeme explicarle. El tomar una vida no es cosa de niños o de gente enojada, al revés, tiene que ser un adulto y tiene que estar muy contento... Seguramente se está riendo, no lo culpo, la situación se presta para ello. La cosa, querido lector, está en que uno debe disfrutar todo lo que hace, como dice el dicho "el que es gallo, donde sea canta" y eso es muy cierto... siempre y cuando se disfrute "cantar"... No cualquiera puede llegar y asesinar, ¡eso no se hace!, es de muy mal gusto y mucha falta de respeto a los que lo disfrutamos; perdone, estoy mezclando sentimientos propios y eso es un grave error.

Regresando a mi asesinato, el ser que he elegido es de mi total agrado, de hecho, convivo con él todos los días sin falta y de hecho, por así decirlo, me mantiene vivo. Algunos se preguntarán ahora "¿entonces... por qué matarlo?" es muy simple, a pesar de que me mantiene vivo, me hace sufrir, me daña, cada vez que me acerco a alguien se pone celoso, me lastima y todavía me pide que me calme... El día en el que le dije que amaba a una señorita la criticó hasta morir, aún en estos momentos me dice que no vale la pena sufrir por ella y que debería destruirla. "Lo haz hecho antes, ya haz lastimado a mucha gente ya haz traicionado a tantos antes de ella... hazlo otra vez" me dice todo el tiempo y yo me rehuso a aceptar dichas palabras... de hecho, me están cansando ya y planeo ponerles fin.

La manera en la que voy a hacerlo es interesante, ¿por qué?, porque tengo que abrirme el torso... Si lector, abrir mi pecho. Aquel que planeo asesinar no es nadie más que mi corazón, mi palpitante amigo que no hace más que dañar.

Al tomar mi corazón, mezquino desgraciado, no puedo hacerle saber el por qué de mis acciones, parecería que me encuentro confesándome por remordimientos, pero si lo miro fijamente... hay una gota corriendo por uno de sus lados... ¿Lágrimas?

¿Es ahora vil porquería viviente que decides llorar? ¿Es cuando te van a destruir momento para arrepentirte? ¡No lo creo! Maldito engendro, todas esas veces que te pedí ayuda, todos esos momentos en los que te pedí amar y te rogué me dejaras ser quien soy, ¿crees que no importan? ¿Que seguiré mi vida como si nada ya que te tengo en mi poder?... No lo creo.

Al levantar el brazo y prepararme para aplastarle escucho una voz detrás mío y una mano tersa que toma mi brazo para después léntamente bajarla a la altura de su bella cara. Pregunto de quién se trata y de cómo se atreve a interrumpirme; ella sonríe, toma mi corazón y lo vuelve a introducir en mi pecho como ignorándome.

Ofendido me preparo para hablar pero con sus labios ofuzca mi intento y un tanto sorprendido mi razón no dicta acciones o posibles respuestas, sólo me quedo quieto, sin hacer un sólo movimiento como si estuviese congelado. Al retirarse ella, mi cuerpo busca una pregunta o alguna palabra para describir mis pensamientos pero nada sale. Por fin pienso algo pero antes de poder proyectarlo siento un movimiento extraño, un sentimiento nunca antes conocido por éste pobre cuerpo.

Siento un calor interno que me va consumiendo por dentro de mi alma, se siente bien, pero tengo miedo. Las reacciones en cadena que éste causa son inesperadas e insólitas, sin embargo agradables.

Después de un momento me doy cuenta que siento dolor, cada paso que ella da lejos de mí se convierte en una tortura, cada centímetro que se mueve lejos de mí me causa preocupación y empiezo a extrañarle, mi corazón se mueve y me grita desesperadamente que no la deje ir, pero yo no respondo y desaparece de mi vida.

"¿Fue por esto que querías asesinarme? ¿Porque querías que te dejara sentir y cuando lo hago lo desperdicies?.... Quizá después de todo si seas un asesino...


lunes, 22 de marzo de 2010

Do not reject me in my old age


Esto de verdad es tener voz de hombre, ojalá disfruten
esta canción, es una de mis favoritas.
Mis respetos a Vladimir Pasuikov

viernes, 8 de enero de 2010

Lienzo de Vida



No creo que haya un mayor temor para un artista que el encontrarse frente a frente con su hoja, lienzo o alguna otra superficie para su arte, completamente en blanco.

Se muestra en ella una infinidad de probabilidades, millones de ideas transcurren la mente, pero seleccionar sólo una de ellas se convierte en una guerra intrínseca de la cual no se puede escapar. A veces, el artista en su indecisión toma múltiples ideas, pero no completa ninguna, dejando así una combinación de estilos y formas poco acertadas. Luego, tras darse cuenta que no es nada de lo que había pensado, se reconforta creyendo que "creó algo nuevo..."

Otros más buscan la innovación en las superficies y materiales, las ideas son claras y podrían plasmarlas fácilmente, pero no, deben encontrar un modo diferente. Es entonces cuando a un artista se le ocurrió cambiar a los actores de teatro y plasmarlos en una pantalla, pero no todos consiguen un cambio tan grato... Algunos decidieron cambiar el mármol por unicel y plástico, la pintura por soya o salsas y los lienzos en servilletas.

Siempre, los artistas, hemos querido escapar de esa superficie en blanco, pero aun innovando nos la encontramos mofándose y esperando con una sonrisa a que demos la primer pincelada, palabra o tallada y que nos diga burlona "¡Uy! Ya te equivocaste..."

Otros, ya en una desesperación completa, le intentaron dar arte a la muerte, decir que "morir es un arte" y así evitar sus lienzos; aun así les pidieron plasmar sus palabras en papel para que no fuesen olvidadas... Después de eso, creo que varios lograron cumplir su "arte" en el miedo.

Cada vez más artistas pierden el hilo de su vida al buscar el "verdadero arte"; incluso algunos han llegado a llamar arte a la pornografía, olvidando así la belleza del cuerpo humano al desnudo e incluso el erotismo. Se comenzó a degenerar cada vez más eso y con ello la vida de las personas que les rodeaban y no practicaban el arte.

Incluso yo comencé a creer durante un tiempo que el arte podía ser cualquier cosa, pero hasta hace unos meses comencé a enamorarme del "verdadero" arte. Quizá para estos momentos, mi paciente lector, debe estar un poco harto de la palabra "arte" entiendo que se repite demasiado, pero es justo ahí donde está mi punto. El arte no es el lienzo donde se colocaron pinturas, no es el edificio de magníficos pilares y cúpulas de oro, el arte jamás aparecerá ante nosotros si lo buscamos en objetos...

El arte, es plasmar la belleza y los sentimientos de uno mismo en su obra, es conocer lo hermoso de la mente y dejar que otros lo sientan y, corríjame si me equivoco, pero no hay mayor arte que el amar lo que se hace.

Quizá no mucha gente vaya a estar de acuerdo conmigo, pero creo que vivir, y me refiero a vivir verdaderamente, es la mejor obra de arte que uno pueda realizar. Si se ama la vida, si se ama a una persona e incluso a uno mismo, puede usted conseguir dicho éxtasis y pasión.

Podría jurarle lector que cada pincelada que usted da en su lienzo de vida, no es un error, es cada experiencia, cada sentimiento y cada aprendizaje que tiene y que comparte usted, o que a veces, coopera alguien más.

Y tan sólo para terminar estimado lector, es normal que todos tengamos miedo a esos espacios en blanco en el lienzo, pero no hay que intentar cubrirlos con mil ideas a la vez, lo importante es llenarlo y unirlo con los lienzos de los artistas que nos rodean, a veces, como mencioné antes, dejar que otro artista ponga su marca en el lienzo y en determinadas ocasiones, dejar que se lleven parte del mismo.

El arte de todo lienzo es cómo fueron hechos... no cómo se terminaron, porque finales hay uno, pinceladas... infinitas.

miércoles, 6 de enero de 2010

Temperature Extremes

+ 20º - Greeks put on sweaters (if they can find them).
+ 15 º - Hawaiians turn on the heaters (if they have them).
+ 10 º - Americans shake, Russians are planting cucumbers.
+5 º - You can see your own breathing. Italian cars don't start.
0º - Water freezes in America, in Russia it thickens.
- 5 º - French cars don't satrt.
- 10 º - You're planning a vacation to Australia.
- 15 º - Your cat insists in sleep in your bed. Norwegians put on sweaters.
- 18 º - New York landlords turn on the heaters. Russians make their last seasonal picnic.
- 20 º - American cars don't start. People in Alaska start wearing long-sleeves.
- 25 º - German cars don't start. Hawaiians are dead...
- 30 º - Politicians start talking about homeless people. Your cat INSISTS in sleeping in your pajamas.
- 35 º - Too cold to think. Japanese cars don't start.
- 40 º - You're planning a 2-week hot tub bath. Sedish cars don't start.
- 42 º - Transportation stops in Europe. Russianseat ice cream on the street.
- 45 º - All Greeks are dead. Politicians really start doing something for the homeless.
- 50 º - Your eyelids start sticking when you blink. In Alaska, people close the window in the bathroom.
- 60 º - White bears start moving south.
- 70 º - The Hell froze...
- 73 º - Finnish special services evacuate Santa Claus from Lopland. Russians wear earmuff hats.
- 80 º - Lawyers put their hands in their own pockets.
- 114 º - Ethyl alcohol is freezing, Russians unhappy...
- 273 º - Absolute zero, atomic movement stops. Russians wear boots.
- 295 º - 90 % of the planet is dead. Russian soccer team becomes the world champion.


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Heme aquí


Heme aquí, lidiando con la cuita que el hado me ha impuesto. Vagando por las calles de una ciudad que no tiene idea de mi existencia. Una ciudad que vive de vicios, de querellas y de oprobios. Nadie tiene mayor interés que el que tiene por sí mismo. Ensimismado y aún caminando sin rumbo, cruzo mi camino con quien reclama ser un prócer personaje, un sempiterno ser, me he encontrado con la única persona que representa el cesar de la vida, la Muerte.

En figura de la que alguna vez fue una bella mujer pero que el tiempo le otorgó la raquítica apariencia que hoy porta, aunque conservando un espíritu núbil y cierta lascivia. Solamente puedo contemplarla quietamente, fijando mi mirada en sus ojos, tan vacíos, y observar lo único que desea; pude ver el vehemente deseo por poseer mi alma. Aquello que muchos religiones deifican y llegan a reclamar como nuestro; aquello en lo que nunca creí pero siempre presentí que se encontraba dentro de mí, por fin me iba a ser arrebatado.

̶ ¿Qué quieres?

Fue lo único que pude decir. Estúpida pregunta, ya sabía la respuesta.

̶ Quiero liberarte.

̶ ¿Liberarme, de qué?

Y con una voz de susurro, apenas la escuché decir:

̶ Liberarte de la dependencia de tus huesos, de una corazón, del aire y del yantar para vivir. Quiero cesar tu existencia en esta realidad, que tu familia llore en las exequias que te dedicarán y llenen su mente con preces para tu eterno descanso.

Con lágrimas queriendo salir de mis ojos, respondí:

̶ Pero, ¿por qué quieres que muera? Aún me quedan años para vivir, ¿o no?

̶ ¿Vivir? ¿Puedes llamarlo “vivir” en este mundo de ingente sufrimiento, con tu maldita depresión eterna? Simplemente eres patético, no eres digno de tu alma.

̶ ¡¿Qué dices?! En ningún momento he tratado de ofenderte, y pensar que en alguna ocasión llegué a inmolar personas para tu favor. Cual montaraz hombre de una civilización perdida, pensé que sería de tu agrado.

̶ No es parte de los hombres tratar con la vida de los mismos, más que con la de uno mismo. Es evidente que tú no eres acreedor del respeto de nadie, ni mío ni de los tuyos. No eres ni siquiera acreedor al derecho sobre tu alma, has desperdiciado tu vida cometiendo errores, tan inteligente eres capaz de verlos pero no enmendarlos.

̶ Entonces, tú podrás ayudarme. ¿No es así?

Me encontraba en una desesperación total, como un bajel a la deriva. Simplemente no podía perder todo lo que conozco, lo que he amado, tocado y pensando; no podía perderlo todo en un instante.

̶ Ahora que me presento es cuando buscas ayuda, nunca tuviste la decencia de valorarte como eres. No puedes pedir ayuda para que aprendas a valorar. Ver un espejo y observar a los ojos a un extraño que te mira fijamente, conocerlo y quererlo, es simplemente imposible para ustedes. Lo primero que buscan es el tahalí donde yace la espada que dará muerte al extraño. ¿Cómo no serán un pueblo de la guerra si la guerra es declarada sólo por ustedes hacía ustedes?

̶ Pero, no logró entenderte. Sólo sé que prefiero beber el peor tósigo antes que verte llevar mi vida fuera de este mundo.

̶ Mejor ejemplo no pude haber dado. No vengo a ayudarte pero puedo destruir tus dolores y sufrimientos. Cuando sólo sufres en la vida, sin encontrar algún haz de luz que prometa esperanza; cuando así sufres, ¿para qué vivir? Es la única forma en que te puedo ayudar, pero te causo miedo e incertidumbre. ¿No es esto lo que has reclamado con tu propia destrucción? Ahora, no rechaces el final que tu propia mano ha venido forjando.

̶ ¿No tendré alguna oportunidad? ¿Es que no conoces la misericordia?

̶ Aun entre tu gente no había encontrado a un ser tan ignorante. Con 36 años de oportunidades, ¿todavía reclamas misericordia cuando ella te ha besado la frente tantas veces? Eres ciego ante el amor, yo, un ser oscuro, puedo sentirlo a mayor cantidad que tú, que estás hecho para amar.

̶ Amaré a cuanto ser pueda, lo ayudaré y protegeré. Prometo cambiar, ser mejor.

̶ ¿Te podré decir que vivas el resto de tus días como religioso y lleves el mensaje a cuanta alma puedas?

̶ Así lo haré, lo juro.

̶ Jajá, vive como quieras.



̶ Y heme aquí, pudiendo burlar a la muerte.

̶ ¿Y has cambiado en algo?

̶ En realidad, no.







Este pasaje fue redactado por mi buen amigo Alan Daniel Mosqueda Cruz, a quién admiro y estimo. Un verdadero amigo, de aquellos que sólo se pueden contar con una mano. Le agradezco que me deje publicar su obra y con el mayor aprecio le saludo.


martes, 24 de noviembre de 2009

Susurro


No pasaban las 10 de la noche cuando, en una choza vieja y llena de goteras, cayó un rayo que despertó mis más grandes temores de un salto para regresar después al perpetuo sonido de las gotas cayendo en el techo de madera de la vivienda.

Levanté la mirada y observé mi cara reflejada en un espejo de agua encharcada a mis pies. Durante unos momentos pude observar cómo los años me habían ya afectado y mis barbas crecían descuidadas y alborotadas desde mi barbilla hasta la cruz de Santiago que me regaló mi hermana en mi plenitud. Las arrugas ya eran prominentes y no era de sorprenderse pues contaba con 67 años y la edad no me estaba tratando con ligereza. Los viejos harapos y mis manchados zapatos hacían juego, mi sombrero, una hermosa pieza de tela negra con un estampado de rayas blancas verticales a su alrededor y el corbatín me hacían ver como un hombre elegante aun en la pobreza y vejez.

Decidí que el día siguiente sería difícil pues tenía que ir por leña y a pedir comida, cabe aclarar que jamás me dignaría a mendigar, voy a un refugio para ancianos. Tomé mi sombrero y mi saco y los colgué en el perchero disponiéndome a irme a dormir, entonces volteé y fijamente observé la figura de mi amada, ya hace mucho tiempo lejos de mi, casada con otro hombre y en la soledad me dejó pudriéndome.

No podía creerlo y supuse de manera lógica que estaba alucinando, volteando hacia el agujero en mi techo y mirando el cielo recordé su tersa faz inmaculada. Un suspiro surgido de lo más profundo de mi alma escapó por entre las impenetrables puertas de mis labios y susurré su nombre al infinito. Escuché atentamente... eco... silencio.

"Sabía que no podía ser ella", dije para mí y regresando la mirada me sorprendió el encontrarla nuevamente posada frente a mi, quieta, inmóvil y con la misma mirada tan profunda que siempre tuvo.

- ¿Qué haces aquí? Hace mucho tiempo ya enterré tu recuerdo, ¡déjame en paz demonio! -

Intentando escuchar respuesta permanecí en silencio... pero ella también, tan sólo me miraba con esa paz y tranquilidad que llevaba.

Me hinqué a sus pies y le rogué que me explicara qué hacía ahí, que qué quería de mi si ya olvidado estaba y mi amor no era más que una piedra en su camino, y ante todo esto inmutable se quedó, no expresó sentimientos y esto me desesperó.

Comencé a gritarle, le recordé que yo era quien en verdad la amaba, ¿qué hacía con ese patán? le reproché y decidí que simplemente no valía la pena sufrir por ella.

- Puedes retirarte, no es difícil encontrar la salida... Por favor deja mi vida y no regreses jamás...-

Pero ella se quedó como congelada frente a mi y ni un milímetro movió su expresión, y en sus ojos me vi, vi mi rudeza y falta de respeto y nuevamente me hinqué ante ella, pero ahora le pedí perdón, le pedí que no se fuera, que entendiera a este viejo granuja que no tenía ni en qué caerse muerto, que los celos me consumían y que no soportaba el haber perdido todo buscándola y encontrarla casada a otro hombre... Pensando en esos celos fue que cometí un gran pecado. Sentí ira, ira contra ella y contra lo que representaba, la odiaba con toda mi alma y no podía permitir que alguien... no, algo tan ruin como ese ser viviera.

Me retiré a la puerta y tomé el hacha que ponía en la paragüera vacía para cortar leña, la agarré con fuerza y perfile un gran golpe contra su cabeza. Al realizar esto miré su rostro y una lágrima fría recorría su mejilla... una sola lágrima. Caí de rodillas dejando el hacha a un lado de mí y me di cuenta que por semejante estupidez le iba a cortar la cabeza a mi amada... ¿Amada?

Estaba seguro de haberla amado, pero jamás la dejé ir. Yo no la había amado, me había obsesionado y ahora, llegado el momento, me dejé llevar por mis instintos e incluso amenacé su vida. Nunca fui un santo, pero jamás creí llegar a tales extremos. Me puse en pie y con los ojos cerrados le dije:

- Nunca necesitaste ayuda, me vendiste para salvarte. Los ángeles como tu mienten para mantener el control. He vivido hambruna, miseria y miedo, y nada pudo enseñarme mejor a vivir que el estar sin ti. Hasta ahorita sólo me lamentaba pero ahora me doy cuenta que tu silencio y el eco del mismo me susurran que soy libre, que mi vida es mía y de nadie más, que tú no puedes arrancármela y que no permitiría si lo intentaras... Mi nombre es Elliot Leo Hassler, y en honor a ese nombre es que te despido. -

Un silencio sepulcral me hizo abrir los ojos y encontrarme con la penumbra total, mi vela se había agotado y necesitaba reemplazarla.

Al prender una nueva observé el cuarto vacío, cómo si nadie hubiera pisado este lugar en unos días y bajando la mirada volví a ver el suelo, el charco que estaba a mis pies y me dejaba ver mi reflejo.

Mis cabellos eran negros, la mirada joven y llena de vida, mi traje estaba en perfectas condiciones y mis zapatos recientemente voleados. Mi sombrero estaba recién comprado y mi juventud se notaba en mi cara. Fue entonces que un susurro escuché y sabiamente al oído expresó:

- Vete ya, no más tiempo pierdas aquí que 50 años fueron suficientes, recuerda tu lección y vive con ella... -

Un trueno cayó detrás mío y efusivamente di un salto y cerré mis ojos... los abrí y me levanté de mi cama con extrañeza.

- Quizá un sueño fue... -

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Le Fragile


Esta música se me hace hermosa, pero está medio depresiva, la pongo para que acompañen la lectura de abajo, considero que hará un poco más impactante así lo que lean.
Ciao, espero disfruten como yo lo hago.

martes, 10 de noviembre de 2009

Nadie me dijo cómo moriría...



Nadie me dijo cómo moriría...

Por primera vez en mi vida me abro, lo hago ante usted mi lector, le dejo mi vida a su criterio, una vida escabrosa y llena de errores. Errores que espero pueda comentar con sus seres queridos.

A mis cortos 6 años de edad, la muerte de mi padre desenterró poco a poco un sentimiento de inferioridad en mi, busqué la felicidad en parecerme lo más que pudiera y a pensar como él. Siempre me decían lo mucho que me parecía... pero, yo lo veía mejor, no importara cuánto me le pareciera... yo no me le acercaba.

Los 6 años después de su muerte fueron extraños, una madre sumida en depresión y permisiva, intentando acercarse a sus hijos sin poder conseguirlo del todo. ¿La escuela?, bueno, esa no iba por buen camino en lo absoluto. Casi no tenía amigos y me sumí en un mundo de libros extraños, mi familia no sabe lo que he leído, hasta donde llega su conocimiento sólo he leído cosas de zoología e historia. Leí psicología, muchos temas y a través de relacionarme con mis compañeros vi como lo que leía en Internet de hecho era verdad.

La manipulación se volvió costumbre y ello atrajo varias decisiones a una edad muy temprana. A los 13 años comencé a crecer, mi voz se agravó y descubrí que la gente me tenía miedo. Erróneamente en vez de aprovechar eso y hacerme de aliados, descargué toda mi furia acumulada de varios años en todos aquellos que osaran intentar dañarme. Descubrí que la mente del infante era muy frágil y lastimé a muchos... una de ellas se suicidó.

Nadie me dijo cómo moriría... pero ya me estaba haciendo la idea.

Para cuando cumplí 14 años, ya había hecho todo lo necesario para poder haber muerto, fumaba, me drogaba y tenía relaciones sexuales con aquella niña que se dejara en un ideal estúpido de que me amaba... Pero a pesar de que yo creía estar disfrutando de la vida, me doy cuenta ahora de que no hacía nada más que gritar por ayuda, ayuda que no podía conseguir fácilmente, toda esa psicología que había leído no la estaba aplicando a mí mismo. ¡Genio!

Un día conocí a un muchacho, aquél humano me molestó de de tal manera, no es que me haya hecho nada, sólo su presencia y manera de moverse me hizo detestarle, su novia por igual... Decidí intentar algo nuevo, en vez de lastimarles, ¿cómo sería volverme su confidente?

Durante 6 meses me vi planeando esto, me convertí en su amigo, conseguí su confianza, y comencé a mover piezas. Una para allá no haría mal, este chisme aquí haría mejor... logré hacer que ella desconfiara de él a tal grado, que decidió engañarlo conmigo, y luego yo fui a decirle a él, como "buen amigo" que yo era. No pudo contenerlo, y golpeó a la niña, nada serio, un bofetón nada más y a mí no me hizo nada, tan sólo me miró y me dijo con la mirada clavada en mis ojos, "No te perdono, te odio, pero te lo agradezco". Fue entonces que me volteé con ella para agacharme de frente a decirle "Esto se lo traen encima ambos, por ser tan confiados, espero aprendan la lección y ojalá el hecho de haberlos separado no les afecte mucho..."

Mi vida siguió un paso muy similar durante unos años más, pero un evento significativo para mi desarrollo quizá sea el siguiente. A mis 16 años conocí a una hermosa muchacha pelirroja de ojos verdes que caminaba con mucha gracia, sin embargo con grandes aires de grandeza. Desprecié su actitud inmediatamente y decidí que podía cambiársela, que yo podía hacer que esa mujer, joven... niña, entendiera lo que yo había pasado, no podía pensar en algo peor que mi vida y tenía que hacerle pasar por algo que se pareciera.

Comencé fácilmente, una sonrisa, un atuendo, el escucharle y estudiarle, sus movimientos, expresiones y manera de hablar, también tuve que entender al novio, tenía que ser como él, pero mejor. Todo iba según lo planeado hasta que conocí a su mejor amiga. Esta mujer comenzó a interferir demasiado, se dio cuenta de lo que yo hacía y la ayudaba a componerse. Debido a esto un plan sencillo de 4 meses se tuvo que alargar a unos 6, no me preocupaba demasiado, sin embargo me quitaba mucho tiempo. Para lograr mi objetivo tuve que juntarla con un muchacho y después hacer que pareciera que le fue infiel a su novio. Eso le quitó la confianza de su mejor amiga y terminó por decirle que no podía ni dejarla cerca de su novio por miedo a que se le fuera a "lanzar". ¡Fue grandioso!

Para mí ya no habían más obstáculos y yo fui quien la ayudó en su dolor de tener una amiga traicionera, fui yo el que estuvo para ella en todo y gracias a eso conseguí un puesto al que pocos llegaban, yo ya no era su mejor amigo, era su adjunto, a donde fuera yo, ella iba y por eso comenzaron los enfrentamientos con su pareja. A causa de eso prefirió pelearse con él en mi defensa y terminó por besarme en la cara del joven, a esto él se retiró y me dejó el paso libre.

Sus calificaciones bajaron, los lugares por donde se movía cambiaron, su ropa fue cambiando y sus hábitos también. La gente a su alrededor se preocupó y ella comenzó a mentir.

Para ella yo era todo, sentimiento que me hacía regocijarme e hinchar mi ego a tal punto que me sentía capaz de manipular lo que fuera. Ya cuando ella había decidido defender nuestra relación ante sus padres y amigos, pelearse con todos ellos al grado que casi la corren de su casa, el haberme entregado su virginidad por la simple razón de que ella me "amaba con todo su ser" y de haber desecho todas sus amistades, sin hablar de sus hábitos académicos y de salud, decidí que era tiempo de dejarla, ya me aburría, ya sólo decía que yo era su mundo y eso me provocaba náuseas.

Un día la tomé de los hombros y textualmente le dije las siguientes palabras, "¿Te das cuenta de lo tonta que eres? Ni siquiera eres capaz de saber quién te manipula para hacerte pelear con todos los que de hecho te aman, no te portaste mejor que una escoria con tus amigos y con tu novio, le fuiste infiel con una persona que sólo quería hacerte ver todo lo que tenías para que lo tiraras por la borda... y bien hecho, ya está realizado, yo no te amo, te desprecio y espero que estos 7 meses te hayan ayudado a darte cuenta de lo tonta que te viste".

No pasaron 2 semanas cuando me dijo un amigo que se había suicidado, aventada de un sexto piso y se abrió la cabeza.

Nadie me dijo cómo moriría... pero seguro no sería como quisiera, la mitad de los que me rodean han muerto, y la otra mitad me detesta... o al menos eso pensaba yo.

Pensé durante un tiempo en suicidarme, las personas que yo había querido se habían ido, y no hacía nada más que lastimar a otros, puse cuchillos en mi cuello y me llamaba cobarde por no atreverme a cortarme nunca. Pasé así 1 año entero, lastimándome más, sin poder llorar, ahogándome en mi propia miseria durante todo ese tiempo... Fue entonces que mi mejor amigo me tomó de la ropa, me levantó y comenzó a golpearme la cara repetidamente hasta que él, llorando, me dijo "Déjalo ir... te estás lastimando y todos los que te rodeamos." Esto fue un altercado completo en mi vida y provocó un cambio radical. Juré no lastimar nunca más a mis seres queridos y que no mentiría mientras estuviera consciente de mis acciones.

Conocí después de eso a una mujer, todo en ella me encantaba pero todos mis amigos me advertían, me dijeron que sólo me lastimaría. Seguí mi camino pensando que era una coincidencia y que no debía importarme, pero la moneda se dobló y el traicionado y engañado fui yo, la mujer que decidí querer se enamoró de un amigo mío y felices son ahora... pero, yo no sabía qué hacer, golpeé paredes, maldije al cielo, me desquité con todo el mundo que pude, hasta que recordé quién se había parado a mi lado.

Durante mi enamoramiento conocí a una señorita de gran educación, refinada en su manera de hablar y de movimientos agraciados. Esta dama se volvió mi amiga muy rápido, confié en ella y comenzó a atraerme, pero yo no permitía que eso sucediera. Me considero un hombre de principios y si pretendo a una mujer me dedico completamente a ella.

Cuando ocurrió el "accidente" de que la mujer que yo pretendía decidiera salir con uno de mis camaradas, la única persona que se mantuvo a mi lado ayudándome a seguir adelante fue mi amiga. Le llamaba todos los días para platicar o desahogarme, ella, pacientemente escuchaba todo y me daba consejos. Comencé a invitarla a salir y poco a poco descubrí que, lo poco que compartíamos, nos encantaba. Me deleitaba con sólo verle a los ojos, una mirada cálida y sincera. Me fascinaba verle la sonrisa pues significaba que era feliz.

No fue difícil entonces descubrir que lo que sentía antes no era un enamoramiento, era una obsesión... esto era diferente, no es que sintiera que sólo era feliz con ella, que era mi todo y que no podía vivir lejos o moriría. Sentía que simplemente la quería hacer feliz, que quería ser un mejor hombre por ella y compartir lo que ella quisiera de vida conmigo. Poco ha pasado desde el día que sentí eso, pero puedo jurar que siento que he muerto por ella, el amor me ha matado...

Nadie me dijo cómo moriría... pero nunca creí que de amor se trataría...

domingo, 25 de octubre de 2009

Sad Romance - Jessica Yeh



Gracias a unos cuantos tutoriales de Youtube me vi en la posibilidad de agregar un video a este espacio. La verdad en este blog me interesa esparcir cultura de diferente tipo, ya sea visual o sonora y esta pieza de música fue mi opción preferida como primer video a este espacio. Gracias a todos, espero que sigan disfrutando de mis escritos, dibujo y, recientemente, videos como yo lo hago.

Hasta pronto.


lunes, 28 de septiembre de 2009

Blut und Tod


Es en esta tarde que arrepentido me siento, causa no falta pues le he dado la espalda a aquel que juré acompañar por siempre, estar con él en su camino hasta después de la vida misma y no he sido más que hipócrita, hipócrita conmigo y con él, mi mejor amigo, mi alma, mi "adjunto".

La belleza que él me había dado la desperdicié y no hago más que lastimarme, le dije alguna vez que seríamos camaradas por siempre y separado me encuentro de él por la razón más estúpida. Hemos compartido lágrimas mi "adjunto" y yo... ¿qué adjunto? No es nada menos que mi hermano, mi sangre y mi misma patria. Le debo mi lealtad y como proscritos estuvimos un tiempo.

Me entristece ver que le he fallado. Me lastima ver que le he traicionado y manipulado a mi antojo. ¿Podría yo llamarme su amigo después de tal despojo? Él me dijo alguna vez "No merezco nada" y enrabiado me levanté, "no te atrevas a decir eso" le grité, y le juré que mi amistad le haría ver que él merecía mucho, mucho más de lo que yo le ofrecía... y aun así, humilde me dijo "Gracias hermano, no acostumbro llorar, tan sólo una lágrima hoy, quizá" y de mi alma salió "Una lágrima sola basta".

Quizá fue mi soberbia, no, quizá no, seguro lo fue, yo te alejé a patadas, te hice parecer que te odiaba, incluso hablé mal de ti y ¿por qué?, por una persona que a pesar de llamarle también mi amiga yo no conocía tanto. Dije amarla pero no tanto como para lastimarte. "¿Qué me sucede?" me preguntaba, pero te miraba y me llegaba la rabia, ahora no puedo ni mirarte, de estampa ya no tengo nada.

Se apagó mi rabia y la vergüenza me invade, es que recuerdo cuando comía todos los días contigo, jaja, ¡vaya que días aquellos!, recuerdo también cuando tu hermana no caminaba, y cuando empezó a hacerlo... te llevaba coca-cola ¿recuerdas? , los juegos, las parrilladas y las fiestas, un mundo de niños. Pero... ahora siendo hombres no hecho más que faltarte, de ir contigo mi hermano, hablar frente a frente pues tantos años de confianza no pueden destruirse por una pequeña tentación.

Regreso humildemente ante ti mi amigo, te expongo mis pecados, bajo la mirada y cual perro pongo la cabeza gacha, "No merezco tu perdón amigo, adjunto... hermano. Es que la lágrima se me ha salido..." Él, solemne me dice "No te atrevas a decir eso nuevamente, que tu lo mereces todo, y mi amistad es prueba de ello".


Es a ti a quien dedico este escrito, una conversación, una platica que recordé, una lealtad que olvidé, te quiero, te estimo, te amo hermano mío... quiero estar bien contigo.

Blut und Tod

martes, 28 de julio de 2009

Capítulo Tercero - Accidente



Acacia bajaba las escaleras a zancadas y gran velocidad de dos escalones a la vez. Mientras corría apurada y llegaba al recibidor se asomó por una ventana al pie de las escaleras y observó que el carruaje de Ariel ya no estaba aparcado en el pequeño terreno destinado a los transportes, a un lado de la casa de sirvientes para que los cocheros pudieran pasar la noche en una cama y no en el mismo carruaje. Volteó hacia el pasillo que daba a la sala y cocina y corrió a través gritando el nombre de su cochero.

- ¡Cassius! Necesito salir de la mansión en este momento, es de crucial importancia, ¿dónde estás? -

Mientras la joven corría hacia el exterior de la casa, en su dormitorio, Cassius yacía dormitando.

De 55 años Cassius ya no era ningún niño y estaba bastante amargado. "La edad" pensaba entre que abría la boca y hablaba a regañadientes.

Entresueños, él se veía a sí mismo hace unos años en su pueblo natal, Witchlock. Mary, su esposa se encontraba tendiendo la ropa y los niños jugaban con los perros, 3 Basset-Hounds, "Tremendos animales"...

- ¡CASSIUS! ¡VEN YA A CENAR! -

Mary gritaba a lo lejos, se acercaba él, pero no se movía, caminaba pero no llegaba a la casa, fue entonces que las brasas salían de la casa, los perros aullaban descontrolados, escuchaba los gritos...

- ¡CASSIUS! ¡CASSIUS!... -

- ¡CASSIUS! ¡Despierta ya! Necesito que me lleves a... Hombre, levántese de una buena vez, no tenemos tiempo, y no me mire con esos ojos de pistola, no estoy de humor para su mal genio. -

- Si señorita...-

Mientras el hombre se levantaba de su cama miró atrás a una fotografía ya bastante desgastada y de los bordes quemados, mientras la miraba una lágrima recorrió sus mejillas y suavemente, con la yema de su dedo índice acarició la cara de la mujer retratada en aquella imagen. Tomó su saco, la señorita no lo haría viajar poco, no era su estilo ir de compras al mercado del pueblo...

Observó un espejo en su puerta, sus arrugas eran cada vez más prominentes, sus ojos, negros como la noche misma contrastaban con su plateado cabello y barba como la Luna misma. Su nariz alargada y aguileña mostraba aun más su rostro huraño, pero, cuando se le acercaba a Cassius se alcanzaba a ver en su mirada una tristeza profunda, un arrepentimiento de aquel que destruye a cualquiera. Su saco, rojo escarlata y el bastón que le regaló su suegro en su día de bodas, grabado a lo largo "Una bella sonrisa puede devastar a cualquiera... Mary", le tomó con fuerza, se puso su sombrero y salió.

A la mitad de la vereda para llegar al carruaje donde la muchacha le veía, ya muy impaciente, volteó a su pequeña cabaña y murmuró.

- Si claro... Un accidente.-

domingo, 5 de julio de 2009

Sincera Amistad


Bajo una luna llena es que comienzo este escrito... no hay ruido, la media noche ya es pasada y mis pensamientos es lo único que escucho.

Mi vida ha transcurrido y la traición se ha vuelto costumbre, la gente confía y tan sólo pago con dolor, mentiras... y una sonrisa. Me han dañado y los he dañado peor, mis lesiones son temporales, pero las suyas... las recordarán por siempre.

La historia de lo sucedido es muy larga para contar, pero puedo decirle, mi joven lector, que el comienzo es triste y con muchos amargos, sucios y escondidos rincones. Una pasión me llevó al arrepentimiento de mis acciones, y una traición me llevó a sentirme inferior.

La confianza me la entregó mi "Ilusa" y bajo esa confianza fue que destruí a la misma. Con sinceridad parecí moverme pero bajo las sombras mentía, le engañaba y esperé a que se volteara para poder apuñalarla. Fue por la razón más estúpida que una traición cometí, pues no gané nada más que una gran derrota y el puñal de vuelta.

Cómo ha dicho el zángano, el cuchillo que planté... se me regresó perfumado, mi traición fue de vuelta a su verdadero dueño, pero con palabras diferentes y sin mentirme una vez tan sóla. Me ha tomado por sorpresa y cuando menos lo esperaba me habló mi "Ilusa" y en vez de herirme tan sólo me abrazó y con dos palabras arrancó mi orgullo, mi error y mi sentido erróneo de superioridad. Me tomó de las manos y con toda su verdad me dijo.

- Te perdono...-

Tan bellas palabras fueron aquellas que no pude ni entenderlas, tan sólo esperaba odio y desprecio como en todas las demás ocaciones, y sin embargo, tan fácilmente... mi redención llegó.

Yo debería llamarme a mí mismo el "Iluso" pues he sido yo el equivocado, el traidor y el perdonado, aquél que todo hizo mal y por ello tuvo que pagar, no el pago que yo esperaba, no el pago que yo concebía, si no el pago de algo llamado una verdadera y sincera amistad...

jueves, 18 de junio de 2009

Amigo


Tengo un amigo. Todavía no lo conozco, pero sé que es mi amigo.

Al ir caminando es que lo veo, solo, como que no quiere la cosa mira a las demás personas pasando y, ¿a mi? Sólo me mira con una cierta remembranza, dañado, triste y con un alma en agonía. Lo he visto a los ojos y me he adentrado en la oscuridad de los mismos, veo el dolor, siento su agonía y el pesar que lo acongoja. Terrible sensación la de verlo en ese estado.

Tan sólo lo miro y me enamoro de él, tanta belleza... destruída, hecha pedazos y vacía. No puedo evitar detenerme y mirarlo fijamente, su mano, extendida me ofrece compañía y yo decido acercarme. Tomo su mano, fría, débil. Con un ademán acaricio sus mejillas y le pregunto qué sucede... pero, no me responde, sólo me mira con ese vacío que termina con mi alma.

Me siento a su lado y coloco su cabeza en mi regazo, le peino y acaricio. Le miro los ojos y me cuenta de su vida, lo que le ha sucedido, su madre... que buena madre sería, ¿el padre?, muerto, desde sus 6 años. Me sigue contando y me habla de su amada, una bella dama que con gracia le hablaba, lo miraba con deseo y lo acompaña sin buscar lucro. Buena vida yo pensaba. "Ahora", me dijo, "Ya no queda nada, la muerte me sigue; en una cesta me acompaña. La miro en cada esquina y me roba la "estampa"".

Lo conozco como nadie lo ha hecho, lo acompaño cuando no hay nadie para hacerlo y me doy cuenta de que lo amo, lo amo como un amigo lo hace y le soy leal. Le soy leal en vida y lo seré en muerte. Estoy sentado con mi amigo en mi regazo, frío, con sangre en las manos y muerto.

El es mi amigo y lo aprecio. La gente rodeando el lugar, sólo tienen morbo en sus ojos, malicia y descaro. Observan a mi amigo y se cubren la cara, yo sólo lo veo y le digo - No te preocupes, no tendrás que sufrir esto.- Coloco su cabeza en el suelo y me limpio la sangre del pecho, él está muerto... sin embargo, es mi amigo.

martes, 16 de junio de 2009

Capítulo Segundo - Recuerdos


La mañana aparece y comienza a infiltrarse en el cuarto de la joven, donde, por la luz se llegaba a vislumbrar la maravillosa pieza artesanal que era aquella recámara.

Ahí, recostada todavía sobre su cama estaba Acacia, soñando con un mejor presente que el actual y llorando su futuro. Las sábanas, completamente blancas y de seda, resaltaban el color del cabello de la joven. Sus labios, rosados y pequeños, formaban una pequeña abertura por la cual respiraba suavemente.

La puerta, roja caoba con marcos tallados por los bordes, se abrió lentamente y una voz temerosa se escabulló a través del aire que junto con el sonido se adentraba al cuarto.

- ¿Madame? Disculpe usted señorita... pero debo hacer el cuarto, ya es tarde. -

Con ademanes, no muy agraciados, la joven hizo la seña de que se retirara aquél que invadía sus aposentos y la despertaba de sus sueños.

- Perdón señorita, pero las órdenes son del señorito Ariel... -

Acacia abrió los ojos y se sentó en la cama, desarreglada y un poco ofuscada, retiró las sábanas de su cuerpo y colocó sus pequeños pies en la madera de su piso. Levantó su mirada y observó a su allanadora directamente a los ojos.

- ¿Qué hora es María? -
- Las 11 de la mañana señorita. -
- De acuerdo... Si es tarde. -

Se levantó y comenzó a acomodar su cuero cabelludo para poder salir de su cuarto.

- ¡Vamos ya María!, necesito bañarme y vestirme. -
- Si señorita, inmediatamente le atiendo, el agua ya está caliente y en la bañera en caso de que quiera comenzar sin mi. -
- Si, alcánzame para el lavado de pelo, ¿si?-
- Si señorita, ahorita me dirijo hacia allá, sólo debo tender su cama.-

Acacia se dirigió al pasillo fuera de su cuarto y entró a la puerta de a lado que era el baño. Tomó su camisón desde abajo y se quedó completamente desnuda frente a la tina, inmóvil, sólo veía la tina mientras el sol acariciaba su bella piel, pálida, más lúcida a la luz del sol. Con un movimient0 muy agraciado, se sentó en el borde de la tina, acariciando el agua como si fuera un bello tesoro o un amante. Se detuvo y dejó que el reflejo se clarificara, mostrando su rostro, sus ojos, dorados a la luz del sol brillaban en el agua y la miraban fijamente, como buscando algo más que a ella misma. Se levantó y entro a la tina con cuidad0, acostumbrándose a la temperatura del agua para no quemarse.

Tomó una pequeña esponja y con un poco de jabón y gran delicadeza lo pasó por sus piernas y brazos. Mientras hacía esto pensaba en la noche anterior y recordaba la lealtad que había demostrado Ariel en esos momentos de insenzatez.

Miró hacia la ventana del baño y supiró bajo una brisa temerosa y cálida que recorría su nuca y posaba sobre su pecho.

- Ariel... -

Comentó en voz baja mientras sus pensamientos divagaban en las penumbras de sus memorias. Recordaba en esos momentos un día de otoño hace unos 4 o 5 años según ella.

Era 24 de agosto, el cumpleaños de su padre, los niños jugaban bajo la sombra del gran roble en la colina y los adultos reían estruendósamente en la mesa, tomado té y comiendo galletas... pero alejada de todo esto estaba Acacia, leyendo un tomo de misterio y terror construído por el gran escritor Edgar Allan Poe, poemas e historias prohibidas en su casa y aun así ella desafiaba las reglas para poder leerlas.

- ¡Acacia!-

Una voz profunda y grave se escuchó como trueno en tormenta a unos cuantos pasos de ella.

- ¿Mande?...-

Contestó temerosa la niña, como esperando pedradas o alguna clase de agresión física.

- ¿Qué estás leyendo?
- "El gato negro" de Edgar All...
- ¿QUÉ TE HE DICHO DE LEER ESO EN ESTA CASA?
- Lo sé padre pero..
- Nada de "pero"... ¡A la cama sin cenar!... ¡Y dame ese libro!

Regañada y un tanto avergonzada Acacia se levantó y se encaminó hacia la casa donde una sirvienta la esperaba para escoltarla. Al llegar a su recámara encontró a un joven que poseía unos ojos verdes como pasto, frente a los cuáles ella se sintió desnuda y avergonzada.

-¿Quién eres?, ¿qué haces en mis aposentos?-

Con ternura y una caballerosidad impecable el niño besó la mano de la muchacha y dijo con voz melodiosa aunque a la vez poderosa.

- Mi nombre es Ariel Volodya de la casa Phantomhive, disculpa el atrevimiento, pero había escuchado de tu belleza y quería comprobarlo...-

Tras esto la joven enrojeció y bajó la cabeza sin saber qué decir o cómo actuar, lo miró y abrió la boca como intentando decir algo, pero antes de que cualquier sonido saliera de su boca Ariel puso un dedo sobre sus labios y le dijo.

- No es necesario hablar, ya le he faltado mucho el repeto el día de hoy mi señorita, espero verla pronto. Por cierto, quizá deba esconder los libros en un lugar menos obvio que debajo del colchón... quizá debajo de un madero.-

Tras esto el joven se marchó del cuarto y sus pasos recorrieron la casa hasta que se escuchó el sonar de la puerta.

Con esto la joven regresó a su tiempo y mirando la ventana del baño pensó.

- Ariel... Debo disculparme con él-

sábado, 6 de junio de 2009

Capítulo primero - Luna




Las olas agitadas impactaban contra el acantilado y hacían un sonido de poder y furia intentando imponerse a la roca que con todo su esplendor soportaba la fuerza del maravilloso mar. 

Parada, ahí en el borde del mundo estaba debajo de la luna gris una bella dama, joven, tendría 17 años y ya sentía que el mundo era suyo... Acacia de los Rioja, la más bella de sus hermanas y la más inteligente. Poseía unos ojos tan bellos como la luna misma y piel tan blanca como una perla. Su cabello, café, claro y sedoso era ondulado y de un tono castaño como buscando ser rojizo en las raíces.

La muchacha de pronto miró el cielo y con un ademán intentó acercarce a la plateada luna, se colocó sobre sus puntas y se estiró hasta caer en sus rodillas, derrotada y sin más sueños. 

-Quisiera morir Ariel. Perderme para siempre en las memorias de la vida y tan sólo ser recordada en muerte, pero... no soy capaz de terminar con mi propia vida.-

La muchacha volteó para ver directamente a los ojos de su oyente con lágrimas recorriendo sus mejillas y con una mirada que hubiera desalmado al ser más despreciable y ruin del universo. Volteó y de nuevo miró hacia la luna.

-Ariel... ¿Me juraste hacer todo lo que yo te pidiera y la lealtad eterna... cierto?-

Él, más joven que ella, se mantuvo callado y caminó hacia donde se encontraba tirada la joven. Se colocó a su lado y la abrazó. Ella, desconcertada, se quedó pasmada sin hacer ni siquiera un ruido o algún tipo de movimiento.

Ariel quebró en un llanto ligero y una sóla lágrima salió de sus verdes ojos y proclamó unas palabras. 

- Haré todo lo que me pidas, pero no te lastimaré jamás.-

- Entonces llévame lejos, muy lejos a donde no pueda sufrir...-

Dicho esto el muchacho la tomó de las manos y besó con gentileza su muñeca, la miró a los ojos y volvió a abrazarla. Ya en sus brazos la levantó y la llevó de regreso a la casa que se encontraba detrás de un pequeño cerro con un árbol muerto y torcido, negro, quemado y anciano.

- Sé por lo que has pasado Acacia y comprendo por qué sufres... pero ésto no debe detenerte, al contrario, tómalo como una experiencia y afróntalo. -

- ¿Cómo lo enfrento Ariel?, no sé cómo reaccionar en una situación así, la luna siempre me ha ayudado para tomar desiciones pero esta vez no me ayudará en nada...-

- No puedo hablar como si conociera la posición en la que te encuentras pero... -

- Si, tienes razón, no sabes lo que es perder a un padre...-

- Sólo deberías saber que no te dejaré jamás, aun en estos momentos tienes amigos y gente que verdaderamente te ama, debes soportar el sufrimiento y volverlo un buen recuerdo. Vamos ya, a casa que es muy alta la hora y no quiero que atrapes un resfriado. -

Tan sólo bajó la cabeza la dama y exclamó un pequeño "gracias", lo suficientemente fuerte para que él lo escuchara pero para que nadie más pudiera saber lo que había dicho.

Pasando a un lado del árbol, Acacia, con un espaviento y movimientos bruscos se soltó de Ariel y se incó ante la planta muerta.

- ¿Acacia?¿Qué haces? Ese árbol está muerto. -
- Ven, ¡mira! -

Volteó rápidamente con una rosa roja en la mano perfectamente abierta.

- ¿De dónde has sacado eso? -
- Aquí estaba, en la base del árbol, él amaba las rosas rojas... -

Ariel miró con extrañeza la flor que yacía en las manos de la joven y decidió tomarla. Agarró la flor y la colocó en el cabello de Acacia armando un chongo en su testa.

- Te ves hermosa. - Le dijo.

- ¿Cómo puedes decir eso? Estoy toda desarreglada y mis ropas están sucias al igual que mis rodillas.- 

- Lamento lo que ha sucedido, espe...-

-No te preocupes, todos tenemos nuestras caídas, aveces nos hacen pensar en cosas que no deberíamos. -

Acacia asintió y recobró su camino.

- ¡Vamos ya! a casa, debemos dormir Ariel, mañana te vas de viaje y no quisiera que estuvieras agotado por mi culpa. -

Ariel la miró nuevamente a los ojos y sonrió tristemente, como queriendo decir algo pero sin poder expresarlo. Tomó la mano de Acacia otra vez y le besó la muñeca.

- Vamos pues, tu también debes descansar. -

Al llegar a la casa, Ariel abrió con extremo cuidado la puerta de roble rojo tallada a mano de la cual se distinguían pequeños leones y dragones en todo el borde de la puerta y la perilla era la cara de un león con la boca abierta. Al entrar estaba un pasillo el cual llevaba a 4 lugares diferentes. La escalera del lado derecho, un baño debajo de la misma, la puerta de la cocina al final del pasillo y la sala a la izquierda de la puerta que se conectaba al comedor. 

Aun con Acacia en brazos tomó las escaleras y al llegar hasta arriba se dirigió al cuarto de la muchacha para dejarla al fin en su cama. El cuarto era de paredes y techo blanco, madera oscura en el piso mantenía caliente el cuarto. Un pequeño tocador estaba pegado a un ventanal en el ala oeste del cuarto. La cama era de gran tamaño y se podía distinguir pequeños grabados a los costados del mueble que hacían de aquél una magnífica pieza de arte. Colocó a Acacia sobre el colchón y movió las sábanas sobre ella, entonces se dispuso a retirarse cuando sentió que tomaban su mano.

- No dejes mi lado esta noche Ariel... por favor. -
- Si. - Contestó suavemente. 
- Por ti... la luna. -

Agarró una silla que estaba debajo del tocador y la puso a un lado de la cama y tomó una mano de la joven y la acariciaba como aquél que no quiere perder lo más valioso en su vida.

- Buenas noches Ariel, ¡descansa! -
- Hasta mañana. -

Acacia volteó a ver su ventanal una última vez y observó la plateada luna pasar frente a ella, despidiéndose y rogándole cerrara los ojos hasta el día siguiente. Miró a su acompañante otra vez y pensó para ella misma. 

- Gracias por todo, ojalá veas más lunas así, hoy está más bella que nunca. -